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 Angola III: mercenarios luchan contra mercenarios  

Mientras tanto, Angola toda sigue sujeta a los avatares de un proceso de paz que nunca culmina, a pesar de las negociaciones y la lenta pero relativa pérdida de apoyos sufrida por el carismático y legendario Jonas Savimbi. Éste tiene su cuartel general en el monte de Bailundo, suele presentarse en público con un blazer azul y un swatch de bolsillo forrado en seda, y aduce que el UNITA ya está totalmente desarmado con excepción de la "guardia presidencial" que lo protege. Su inasistencia a una reunión cumbre de septiembre de 1998 con el presidente Dos Santos le valió su exclusión de las negociaciones, en tanto la Comunidad del Sur del África para el Desarrollo (SADC) ha declarado que desde ahora se negociará sólo con rebeldes más moderados que se han distanciado del líder. Empero, es improbable que ello se traduzca en el apoyo militar que Dos Santos espera de países vecinos, al menos mientras éste siga involucrado en el Congo, cuya patética épica se registra más abajo (1).
    Además, la participación del gobierno angoleño en la nueva guerra congoleña desatada en agosto de 1998 disminuye sus recursos para luchar contra el UNITA (2). A la vez, esa misma guerra recientemente aumentó los apoyos de los rebeldes angoleños, porque gracias a ella los ricos exiliados mobutuístas que residen en Sudáfrica ayudan a los enemigos de sus enemigos, proveyéndoles apoyo financiero para pagar mercenarios. Asimismo, el UNITA ha ganado para sí toda una coalición de aliados, que inluye ruandeses, ugandeses y tutsi congoleños.
    Por su parte, y como se verá en el acápite correspondiente, en la nueva guerra del Congo el gobierno de Angola apoya al dictador Kabila, en alianza con Zimbabue, Namibia y Chad. Y a fines de enero de 1999, fuentes vinculadas al UNITA denunciaron el regreso de "asesores" cubanos al servicio del gobierno del MPLA (3). Por cierto, en las postrimerías del siglo XX los conflictos del África sub-saharana están convirtiéndose en una guerra interestatal generalizada que amenaza con incendiar gran parte del continente.
    Como consecuencia, a principios de 1999 el UNITA tiene los recursos necesarios para comprar mercenarios israelíes, serbios, ucranianos y sudafricanos (ex-colegas de los que luchan en el bando contrario). Estas huestes manejan expertamente la artillería pesada y los vehículos blindados comprados recientemente a países del antiguo bloque soviético. Gracias a ello, han salido airosos de las frustrantes e inconducentes ofensivas de las fuerzas del gobierno, muchos de cuyos blindados han sido capturados por el UNITA en batallas perdidas por aquel. A su vez, el gobierno angoleño también emplea mercenarios sudafricanos, dirigidos por el coronel Lafras Luitingh, veterano de la fuerza de EO que propinó graves reveses al UNITA en 1994. Los sudafricanos operan aviones de guerra para el gobierno del MPLA, incluyendo los de ataque aire-tierra comprados recientemente a los checos. Atento a la actividad desplegada en Angola por el circuito de mercenarios vinculados a EO, en diciembre de 1998 el Sydney Morning Herald reflexionaba sobre lo poco creíble que resulta la auto-disolución de la empresa (4).
    No obstante, no se puede negar que el alto perfil adoptado por EO –en una actividad caracterizada por la extrema discreción– le ocasionó graves inconvenientes. Paradojalmente, eso nos ayuda a nosotros, que seguramente sabríamos mucho menos respecto de esta sórdida dimensión de la política internacional de no ser por los espectaculares comunicados de prensa con que EO anunciaba sus triunfos en el campo de batalla en sus buenas épocas. Para profundizar nuestro conocimiento sobre el papel de los nuevos mercenarios desde el fin de la Guerra Fría, debemos aprovechar las consecuencias que tuvo ese alto perfil en la difusión de informaciones sobre las actuaciones de esta empresa en particular. Y para ello, deberemos hacer ahora un paréntesis en nuestro recorrido africano, para dirigir nuestra atención a otra parte del mundo, donde EO y una de sus empresas asociadas encontraron obstáculos inesperados.

  • NOTAS
  1. New York Times, 2 de marzo de 1998, y Weekly Mail and Guardian, 18 de septiembre de 1998.

  2. Independent, 11 de noviembre de 1998.

  3. Buenos Aires Herald, 25 de enero de 1999.

  4. The Economist, 8 de agosto de 1998, y Sydney Morning Herald, 29 de diciembre de 1998.

 

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