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 Papúa Nueva Guinea y una debacle política del conglomerado mercenario  

Las actividades de EO y sus empresas asociadas no se restringen al África. En el Pacífico Sur protagonizaron un escándalo que hizo notorio al grupo, provocándole graves daños políticos. Como se sabe, Papúa Nueva Guinea –cuya capital es Port Moresby– se independizó en 1975, después de haber sido un fideicomiso australiano establecido por las Naciones Unidas en 1945. En 1988 surgió un movimiento secesionista en la isla de Bougainville (1), de 160.000 habitantes, cuya población es más afín a la de las vecinas Islas Solomón que a la de Papúa Nueva Guinea. Bougainville terminó siendo parte de la última debido a un tratado anglo-alemán del siglo XIX.
    Como consecuencia de la guerra civil hay muchos refugiados en Honiara, la capital de las Islas Solomón, que también sirve de suministro para los secesionistas. Éstos establecieron un gobierno interino para su soñada República de las Islas Solomón del Norte (2).
    En 1989 la violencia (que ya se cobró más de 10.000 vidas) paralizó la actividad minera de Bougainville y en especial forzó el cierre de las operaciones de la gigantesca mina de cobre de Panguna, una de las mayores minas a cielo abierto del mundo y productora del 40% de los ingresos de exportación de Papúa Nueva Guinea. La mina había funcionado contra la voluntad de los habitantes, generando grandes daños ecológicos y ninguna ganancia para los lugareños. Para Papúa Nueva Guinea, sin embargo, su cierre representó una catástrofe (3).
    En febrero de 1997, durante una visita a Papúa Nueva Guinea del ministro de Relaciones Exteriores australiano Alexander Downer, se avistaron dos aviones de carga de Air Sofía, la aerolínea búlgara, que habían estado llevando tropas y equipos al aeropuerto local, charteados por Sandline International. Así comenzaron a filtrarse noticias sobre la intención del gobierno papuano de instrumentar un "golpe quirúrgico" para eliminar la secesión y restablecer la actividad minera de Bougainville (4). Según se supo, el plan consistía en importar mercenarios y tecnología militar, entrenar a las fuerzas de seguridad papuanas, y capturar o matar a los líderes del Bougainville Revolutionary Army (BRA) (5). El gobierno de Papúa Nueva Guinea creía que si se eliminaba a los dirigentes "duros" del BRA, habría lugar para que los "moderados" negocien la apertura de la mina de Panguna, a cambio de regalías más altas, el desarrollo de la infraestructura de la isla, y cierto nivel de autonomía menor a la independencia (6).
    A principios de febrero de 1997 el Consejo Nacional de Seguridad de Papúa Nueva Guinea había aprobado el reclutamiento de Sandline International, y a partir de mediados de ese mes llegaron a la capital los aviones charteados por la empresa mercenaria. Mientras tanto, la oficina de Sydney del Gobierno Interino de Bougainville, brazo político del BRA, condenaba al primer ministro Chan (7). A su vez, el gobierno de Papúa Nueva Guinea acusó al australiano de filtrar a la prensa noticias sobre la operación para agitar a la opinión pública y abortar el proyecto. Por su parte, el BRA temía que los mercenarios alteraran el balance de poder en la isla gracias al uso de tecnología de lucha nocturna (8).
    En realidad, el ministro australiano ya conocía los planes papuanos por revelaciones de sus servicios de inteligencia, y aprovechó la oportunidad de su visita como excusa para ventilar el tema, presionado por la oposición australiana, que frente a rumores preexistentes exigía que se le retirara a Papúa Nueva Guinea la ayuda económica del gobierno de Camberra, que ascendía a U$S 320 millones anuales. Por cierto, en cuanto se conocieron más pormenores sobre el proyecto del primer ministro papuano Sir Julius Chan, el vocero de la oposición australiana en temas internacionales, Laurie Bereton, exigió que se interrumpiera la ayuda si Papúa Nueva Guinea usaba mercenarios. La demanda se centraba en que ni un solo dólar australiano llegara, directa o indirectamente, a los mercenarios (9). Además, en Australia –país que desde el fideicomiso había considerado a Papúa Nueva Guinea como parte de su "esfera de influencia"– había temor de que se generalizara el uso de mercenarios en el Pacífico Sur como forma de obtener el poder o de preservarlo.
    El costo del operativo mercenario ascendía a U$S 51 millones. Por otra parte, se sospechaba una maniobra bursátil de parte de las autoridades papuanas. Panguna pertenecía a Bougainville Copper Ltd. (BCL). A fines de 1996 el gobierno de Papúa Nueva Guinea desarrolló planes simultáneos de comprar las acciones de BCL, que estaban en manos de la empresa australiana CRA (asociada, a su vez, a la importante empresa británica RTZ), y de llevar mercenarios a Bougainville para forzar la apertura de Panguna. En la bolsa de Sydney, las compras diarias subieron de unas 15.000-20.000 acciones, a picos de más de 400.000.
    Las sospechas de una maniobra corrupta se basaron en que Sir Julius Chan y su familia ya se habían enriquecido con la compra de acciones de otra empresa minera en Papúa Nueva Guinea, que estaba sujeta a fuertes regulaciones estatales, y que comenzó a cotizarse en bolsa en Australia en 1986. Compraron acciones a U$S 1, y luego usaron el poder del Estado para beneficiar a la empresa, lo que aumentó enormemente la rentabilidad y el valor de las acciones. En años más recientes, otros políticos de Papúa Nueva Guinea hicieron cosas parecidas, pero para evitar críticas usaron empresas fantasma o socios australianos. Todo esto se dio en el contexto de un auge minero en Papúa Nueva Guinea. En el caso de Panguna el primer ministro habría comprado acciones baratas de una mina que estaba inactiva desde hacía nueve años, para luego financiar desde el Estado el uso de mercenarios, con el plan de aplastar al movimiento secesionista de Bougainville, reactivar la mina, y multiplicar el precio de las acciones (10).
    Por otra parte, Sandline International había ofrecido aceptar pagos parciales para el operativo mercenario, por vía de concesiones de minerales a su empresa asociada, Diamond Works (11). Con anterioridad, en Sierra Leona, el conglomerado mercenario Executive Outcomes-Sandline-Diamond Works había hecho negocios parecidos con minas que también eran de capital australiano, como lo era en parte Panguna. El grupo de EO era por lo tanto ideal para llevar a cabo el operativo gestionado por el gobierno de Papúa Nueva Guinea. Este no contaba, sin embargo, con la rápida intromisión del gobierno australiano, que antepuso la seguridad en el Pacífico Sur (parte de su interés nacional) a los intereses económicos particulares de los accionistas de esa mina (en gran parte australianos), y alentó las filtraciones a la prensa que generaron la tormenta política que terminó por abortar el proyecto (12).
    A fines de febrero de 1997, Eeben Barlow de EO confimó que mercenarios de su empresa (subcontratada por su afiliada Sandline) estaban operando en Papúa Nueva Guinea (13). En marzo hubo saqueos y violentas manifestaciones en Papúa Nueva Guinea contra el intento del gobierno de usar fuerzas militares privadas para resolver el conflicto de Bougainville. También se produjo un amotinamiento de las empobrecidas e inadecuadamente armadas fuerzas regulares del país, cuya auto-estima era menoscabada al verse forzadas a compartir su responsabilidad con profesionales extranjeros (14). El general Jerry Singirok, que condujo a los sublevados y fue enaltecido como un héroe en Papúa Nueva Guinea, fue el mismo que había contratado los servicios de Sandline (15).
    La rebelión fue controlada, pero el operativo de Sandline fue cancelado, los mercenarios fueron apresados, y el 26 de ese mes el primer ministro Chan debió renunciar transitoriamente en medio de un gran escándalo, perdiéndose los millonarios anticipos que ya se habían pagado a Sandline International (16). Absuelto el primer ministro, éste regresó a su cargo, pero sólo para ser derrotado ampliamente en las elecciones nacionales del mes de julio, en las que perdió su cargo de manera aparentemente definitiva. El amotinado general Singirok, en cambio, fue repuesto como jefe de las fuerzas de defensa (17).
    La maniobra estaba desbaratada. En el juicio posterior quedó claro que Sandline iba a adquirir parte de las riquezas mineras de Papúa Nueva Guinea, incluyendo parte de la mina de Panguna. Este pago en especies era parte de lo que en el código de los complotados se llamaba "Project Contravene". Tim Spicer, el directivo de Sandline, fue arrestado y luego compareció como testigo, reconociendo que su empresa hubiera sido socia en Panguna del gobierno de Papúa Nueva Guinea y también del gigantesco grupo minero británico RTZ-CRA, conocido como Río Seco (18). En abril de 1997 Tony Buckingham, director e importante accionista de Diamond Works, admitió que su empresa también hubiera estado involucrada en el desarrollo de la mina de Panagua si hubiera sido capturada por los mercenarios (19). La conclusión del juez Warwick John Andrew fue que la agenda de Sandline incluía la obtención de una parte de Panguna. También dijo que Buckingham, y hasta cierto punto Spicer, controlaban a Sandline, junto con Michael Grunberg, que figuraba con Buckingham en el directorio de Diamond Works. El adelanto de U$S 18 millones se pagó a través de una cuenta de Sandline en Hong Kong cuyas firmas registradas eran la del mismo Buckingham y la de Barlow, el ejecutivo de Executive Outcomes (20). La cuenta desde donde se efectuó el pago secreto pertenecía a una moribunda empresa constructora de caminos de Papúa Nueva Guinea a punto de ser liquidada (21).

  • NOTAS
  1. La isla está habitada por un pueblo melanesio de estructura familiar matrilineal. Para su cultura, toda muerte debe ser vengada por otra muerte a no ser que sea compensada con un pago en cerdos o en dinero.

  2. Asia Week, 9 de agosto de 1997.

  3. Asian Wall Street Journal, 19 de marzo de 1998.

  4. Times, 24 de febrero de 1974.

  5. Sydney Morning Herald, 24 de febrero de 1997.

  6. Sydney Morning Herald, 28 de marzo de 1997.

  7. Sydney Morning Herald, 24 de febrero de 1997.

  8. Sydney Morning Herald, 28 de marzo de 1997.

  9. Sydney Morning Herald, 24 de febrero de 1997.

  10. Sydney Morning Herald, 28 de marzo de 1997.

  11. Globe and Mail, 1 de agosto de 1997.

  12. Sydney Morning Herald, 28 de marzo de 1997.

  13. Weekly Mail and Guardian, 28 de febrero de 1997.

  14. Jakarta Post, 4 de abril de 1997, y Sunday Times, 27 de julio de 1997.

  15. Sunday Times, 28 de junio de 1998.

  16. Jakarta Post, 4 de abril de 1997, y Sunday Times, 27 de julio de 1997.

  17. Australian Financial Review, 12 de abril de 1998.

  18. Globe and Mail, 1 de agosto de 1997.

  19. Sydney Morning Herald, 28 de marzo de 1997 y Camberra Times, 14 de abril de 1997.

  20. Globe and Mail, 1 de agosto de 1997.

  21. Sydney Morning Herald, 24 de febrero de 1997.

 

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