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 Mobutu, Kabila y los mercenarios en Zaire/Congo  

Como se dijo al principio, las organizaciones mercenarias que operan en el mercado son muchas y de diversas nacionalidades. Ahora nos toca ver en acción a grupos ajenos al conglomerado de Executive Outcomes. El Congo (antes Zaire, y antes aún Congo Belga) presenta la minería más rica y más riesgosa del África subsaharana. Su riqueza potencial en oro, diamantes, cobre, cobalto y zinc apenas ha sido tocada. El difunto dictador Mobutu Sese Seko, que durante 31 años gobernó en el Zaire, saqueó algunos de los depósitos más accesibles, pero cuantiosos tesoros yacen aún bajo tierra. En ese contexto, la lucha despiadada por el control político y militar de los recursos sin explotar se ha convertido en guerra civil crónica.
    A fines de enero de 1997 se informó que una banda de 200 o 300 mercenarios se estaba reuniendo en el este del entonces Zaire para ayudar al presidente Mobutu a dar batalla a rebeldes que ocupaban pueblos fronterizos y zonas de minería de oro. Le Monde citó a un anónimo general francés que dijo que Executive Outcomes ayudaba en el reclutamiento, pero la empresa negó rotundamente todo involucramiento (1). Hacia agosto de ese año, las informaciones de Le Monde se ampliaron, dando cuenta de dos ex-guardias presidenciales franceses (escoltas de Miterrand) que lideraban a los mercenarios. A su vez, fuentes militares consultadas por el Guardian informaron que en el Zaire se estaba formando una "legión blanca" mercenaria, incluyendo a ex-miembros del Special Air Service (SA) británico. El gobierno francés negó participar de estos esfuerzos, alegando su distanciamiento del régimen de Mobutu por violaciones de derechos humanos, pero resultó difícil de creer en vista de su intervención abierta días antes, para salvar al corrupto gobierno de la República Central Africana (2).
    Contra Mobutu se erigía la coalición rebelde dirigida por Laurent Kabila, que contaba con 24.000 hombres, incluyendo reclutas y tropas regulares de Ruanda, Uganda, Burundi, Tanzania, Angola, y también a los banyamulenges, tutsi zaireños que se rebelaron después de ser atacados por refugiados hutu y soldados del gobierno (3). La rebelión de los 300.000 banyamulenges, apoyada por el gobierno de Ruanda, se extendió cuando Mobutu amenazó con privarlos de su ciudadanía zaireña (4).
    En un principio la rebelión de Kabila fue impulsada por el gobierno ruandés de predominio tutsi del general Paul Kagame. A su vez, éste había llegado al poder en julio de 1994 con el apoyo de disidentes zaireños, incluyendo a tutsi del Zaire que habían sido perseguidos por Mobutu. La rebelión tutsi en Ruanda se produjo después de una campaña genocida de parte del anterior régimen hutu, en la que murieron por lo menos medio millón de personas, principalmente tutsi. El objetivo principal de Kagame era liquidar los campos de refugiados hutu instalados del otro lado de la frontera, en el este del Zaire, pero su aliado Kabila apuntaba mucho más lejos. En algunas batallas, la artillería y los vehículos blindados provistos por Uganda, y los refuerzos angoleños (en su mayoría refugiados zaireños de segunda generación) resultaron importantes. Pero su fuerza principal provino de los hombres que fue reclutando a lo largo de su avance, que habían sido víctimas del sanguinario régimen de Mobutu (5).
    Hacia mediados de febrero de 1997, ya con más precisiones, se informó que mercenarios de Serbia, Ucrania, Francia, Bélgica, Sudáfrica, Gran Bretaña, Croacia, y otros países ayudaban al gobierno de Mobutu y a las milicias rwandesas hutu (6). El ejército zaireño sufría un grave deterioro. Esto se debía en parte a la crisis del cobre y a la corrupción, que lo privaban de recursos, y en parte debido al abandono de Occidente, que durante la Guerra Fría lo había apoyado fuertemente, pero que con el agotamiento de ese enfrentamiento estratégico, objetaba a las violaciones masivas de derechos humanos que habían hecho célebre a Mobutu. Por cierto, en la década de 1980 los israelíes habían entrenado una división presidencial especial, los franceses habían entrenado una brigada aérea, los italianos habían dado asistencia a la fuerza aérea, y los Estados Unidos habían prestado ayuda logística (7). Pero en 1997 Mobutu dependía de sus propias fuerzas para defenderse de una insurrección que amenazaba arrasarlo, y no podía prescindir del apoyo mercenario. Lamentablemente para él, los mercenarios sudafricanos eran demasiado caros para sus menguadas finanzas (8).
    En marzo, el Washington Post informó que el presidente serbio Slobodan Milosevic había negociado el envío de ayuda clandestina a Mobutu, incluyendo un puñado de cazas a reacción, lanzadores de cohetes múltiples, diversas armas yugoslavas, uniformes y varios cientos de mercenarios veteranos. Según un diplomático occidental, el negocio verdaderamente lucrativo era el de las armas yugoslavas, cuya exportación era una tradición desde mucho antes de las guerras de los Balcanes (9).
    Como resultado de los informes sobre la situación en el Zaire, el periódico canadiense The Globe and Mail realizó una investigación sobre el reclutamiento de mercenarios serbios. Bosnia, dividida en la Republika Srpska y la Federación Musulmana-Croata, está repleta de agencias que buscan mercenarios, y lo que sigue es sólo un capítulo de la larga secuencia de involucramientos en diversas guerras extranjeras, de la aguerrida y hambrienta mano de obra desocupada generada por las guerras civiles de la ex-Yugoslavia. Por ejemplo, poco antes de la cuestión zaireña, en 1996, hubo un reclutamiento conducido por agentes de Grecia, que estaba considerando el uso de mercenarios en Chipre. Como dijo el director de una empresa de seguridad francesa, "los serbios son bestias, pero si se los puede controlar son ideales. Con un poco de alcohol son guerreros fuertes y excelentes, con conocimiento de las técnicas modernas. Son baratos y son blancos".
    La investigación del diario canadiense respecto de la cuestión del Zaire reveló que empresas occidentales de "consultores" de seguridad, en conjunto con los más importantes dirigentes políticos de Serbia (10) y de su satélite bosnio, la Republika Srpska, controlaban un lucrativo comercio de los guerreros más hambrientos y baratos de Europa. Emergió evidencia de un contrato oficial vinculando a Milosevic y al dictador zaireño Mobutu Sese Seko. Según se informó a principios de marzo de 1997, hacia esa fecha ya había más de 300 serbios en el Zaire. A su vez, la prensa de Belgrado afirmó que no sólo existían vínculos oficiales sino también mafiosos entre Serbia y Zaire, y que Jovan Hadzi-Antic, un acólito de Milosevic y director del diario del gobierno Politika, era dueño de una mina de diamantes en el Zaire (11). Y el Washington Post informó que para distanciarse de las ventas de armas y contratos mercenarios, el gobierno de Belgrado había formado empresas fantasma que se encargaban de los pagos y otros detalles. El general serbio Jovan Cekovic, ex-director de la agencia yugoslava a cargo de la venta de armas al extranjero, montó una falsa empresa de turismo, presuntamente egipcia, a esos efectos (12).
    Una red de agentes e intermediarios, incluyendo al ejército yugoslavo, que reclutaba y transportaba mercenarios, fue descrita por un soldado de fortuna serbio en la localidad de Doboj, Republika Srpska. Entrevistado en la penumbra del café Nocturna en el ruinoso centro de la ciudad, el guerrero explicó cómo se contrabandeaba a los mercenarios desde Srpska. Cuando los mercenarios eran convocados se los llevaba a una concentración en Brcko, sita en el corredor Posavina que une a las dos mitades, oriental y occidental, de Srpska. Allí cada uno pagaba U$S 100 a un agente, que los transportaba a Belgrado. También se los envió desde Bratunac y desde Vlasenica, en Srpska oriental. Desde Belgrado eran llevados al Zaire en aviones de transporte del ejército yugoslavo. Los mercenarios viajaban con pasaportes belgas, franceses y croatas, y recibieron contratos de tres meses de U$S 10.000 por hombre, más un seguro de vida para su familia de 50.000 (13) -según la versión del Washington Post, la paga mensual variaba desde 3000 para proteger pistas de aterrizaje hasta 10.000 para el frente de combate (14)-. Los soldados desmovilizados serbo-bosnios sobreviven con diez marcos alemanes por mes, y miles de ellos ofrecieron sus servicios. Muchos fueron rechazados por heridas recibidas en Bosnia y en Krajina, pero alrededor de 500 fueron enviados a Belgrado.
    El soldado dijo que la red era operada por una empresa francesa o belga con la complicidad de la dirigencia de Belgrado y de la Republika Srpska. Esta información fue confirmada por un operador de seguridad francés, quien declaró que una empresa belga con operaciones en Angola y en el Congo habría sido contratada por Mobutu para instrumentar el contrato con Yugoslavia. Estas informaciones produjeron especulaciones respecto del embarazo que le causaría al gobierno de Bruselas la confirmación de un involucramiento belga, dado que éste ya había negado informes de que una subsidiaria sita en Kenya de la empresa de armas de Liege, Fabrique National, suministraba municiones a tropas africanas (15).
    Periodistas de Srspka vincularon el negocio a una visita a África central del vice-primer ministro yugoslavo Zoran Lilic, realizada en 1996. También intervino Milorad Palemic, el ex-comandante de una unidad comando serbia responsable de masacres de bosnios en julio de 1995 (16). Se firmó un contrato con agentes de Mobutu para ponerlo al frente de 1000 hombres de la Republika Srpska, junto con equipos del ejército yugoslavo. Cvijetko Udovicic, del diario independiente Alternativa, de la Republika Srpska, dijo que consultores de seguridad belgas o franceses fueron vistos en varios pueblos de ese país antes de la Navidad de 1996, y que los primeros envíos de hombres y armas se realizaron en enero de 1997 (17).
    A estos soldados de fortuna no les fue muy bien, sin embargo, ya que a fines de julio de 1997 se informaba que las fuerzas mercenarias al servicio de Mobutu habían sido derrotadas por los rebeldes de Kabila, huyendo desordenadamente. A pesar de la ayuda mercenaria y extranjera, tropas zaireñas desmoralizadas sabotearon sus propios vehículos blindados para no entrar en combate (18). Más allá de la participación serbia, el Sunday Times continuaba atribuyendo una fuerte presencia de la empresa mercenaria sudafricana Executive Outcomes entre las derrotadas fuerzas de Mobutu (19). Por otra parte, el mismo Mobutu estaba muriendo de cáncer, y el apoyo norteamericano a su gobierno estaba amainando, al punto de que en febrero de 1997 funcionarios del departamento de Estado habían conferenciado con el jefe rebelde Kabila (20).
    Mientras tanto, los franceses hacían vanos esfuerzos por defender al tirano Mobutu con el argumento de que cientos de miles de refugiados hutu de Ruanda corrían peligro en manos de los rebeldes de Kabila, que los perseguían indiscriminadamente junto con el ejército tutsi ruandés, a su vez aliado de Uganda. El gobierno francés argüía con razón que el ejército tutsi de Ruanda había invadido el Zaire en un intento de exterminar los refugiados hutu, víctimas de la previa destrucción del ejército hutu ruandés en manos de su contraparte tutsi. Sin embargo, omitía el dato de que en una etapa anterior, el ahora derrotado ejército hutu ruandés se había lanzado al genocidio de tutsi, cruzando la frontera del Zaire después de su derrota por tutsi enfurecidos, que los habían seguido del otro lado de la frontera y apoyaban a Kabila. Un funcionario holandés acusó a los franceses de falsificar la realidad para fortalecer un régimen francófilo (21).
    En la marcha triunfal de Kabila la mayor resistencia había sido ofrecida por soldados del diezmado ejército hutu ruandés. Pero a medida que avanzaban los rebeldes crecía la desmoralización de las fuerzas de Mobutu. Sus oficiales desertaban y sus soldados se dedicaban sistemáticamente al pillaje y la violación en cada aldea por la que pasaban en su desordenada desbandada. Mientras tanto, los pocos mercenarios serbios que aún no habían desertado brutalmente imponían cierto orden a estas huestes en fuga, generando un auténtico reino del terror entre los lugareños (22). Hacia mediados de 1997 a las fuerzas del gobierno sólo le quedaban tres helicópteros (de origen ruso) en la región de la sitiada ciudad de Kisangani (la tercera en importancia), a la vez que los caza-bombarderos rusos piloteados por mercenarios ucranianos ya se habían retirado a regiones más seguras. La ciudad había sido saqueada en dos oportunidades anteriores en la década, por fuerzas del gobierno, de manera que no había mucha voluntad local para cooperar con la defensa. Mucho antes de la ofensiva rebelde, la mitad de la población había huido a la selva (23).
    Mientras tanto, el gobierno zaireño intentaba presentar la suya como una causa noble, interponiendo a decenas de miles de refugiados ruandeses hutu entre sus fuerzas en retroceso y los rebeldes. El gobernador regional Lombeya Bosongo, cuya deserción había sido impedida dos veces por el ejército, acusaba al mundo exterior de indiferencia ante la masacre de esos hutus en manos de los tutsi. Intentaba crear una suerte de escudo de derechos humanos, frente a la imparable embestida de la titulada Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación de Congo-Zaire del futuro dictador Laurent Kabila (24).
    Hacia fines de marzo se anunció la caída de Kisangani (el último puerto navegable del río Congo, que domina el transporte ribereño a muchos pueblos inaccesibles) y también de Lubumbashi, la segunda ciudad del país en importancia. Cuando ésta cayó, los soldados del gobierno, que ganaban U$S 1 por mes, fueron incapaces de operar los 15 lanzadores de cohetes que tenían a su disposición, herrumbrados por años de abandono bajo las lluvias (25). Frente al avance de Kabila, importantes contingentes de tropas del gobierno cambiaron de bando, alentados por infiltrados rebeldes que pululaban entre ellas.
    Mobutu canceló planes de regresar al Zaire, después de recibir atención médica en Francia por su cáncer terminal. Los militares del régimen comenzaron a distanciarse del gobierno, emergiendo rumores de un golpe de Estado. A la vez, los rebeldes avanzaban hacia el pueblo de origen de Mobutu, Gbadolite, para tomar el extravagante palacio de oro y mármol del tirano. Y las fuerzas rebeldes también se acercaban a Mbuji-Mayi, la capital de la industria del diamante. Con su conquista, el gobierno, los funcionarios y los jefes militares perderían una importante fuente de ingresos (26). Esto era particularmente grave en vista de las dificultades enfrentadas por la economía zaireña y el mismo Mobutu a raíz de la fuerte caída de los precios del cobre, y la casi desaparición de las inversiones extranjeras. En muchos sectores de la economía, la producción alcanzaba apenas un 10% de lo que había sido cinco años antes (27).
    Finalmente, hacia mediados de mayo de 1997, Laurent Kabila tomó la capital de Kinshasa, se ungió presidente y modificó con optimismo el nombre de su país, que pasó a llamarse República Democrática del Congo (28). Lo hizo con un ejército compuesto por legiones de adolescentes vestidos con remeras y zapatillas. Hacía mucho que la rebelión se había transformado en guerra popular excepto para los hutu, que eran masacrados (29). Y este frenesí era presentado en forma simpática, incluso como increíble hazaña, por la prensa norteamericana, quizá haciéndole el juego a los intereses de ese origen que, lentamente, habían ido alineándose con los rebeldes, para desesperación de los franceses.

  • NOTAS
  1. Chicago Tribune, 25 de enero de 1997.

  2. The Guardian, 8 de enero de 1997. Francia frecuentemente alentó la conversión de soldados desmovilizados en mercenarios. Esto se vio claramente cuando Biafra intentó separarse de Nigeria, en la década de 1960. Por otra parte, en esa época el Congo (Zaire) había sufrido gravemente del uso de mercenarios de parte de los secesionistas de Katanga, contratados por empresas mineras europeas (especialmente la belga Union Miniere), que apoyaron el intento nacionalista de Moise Tshombé en su esfuerzo no perder el acceso al cobre y los diamantes de la provincia separatista.
        El trasfondo del tema es el siguiente. Cuando Bélgica se retiró precipitadamente de su ex-colonia en 1960, el presidente Joseph Kasavibu, el entonces general Mobutu, y el izquierdista primer ministro Patrice Lumumba, se disputaron el predominio en el enorme y heterogéneo país. Al principio pareció prevalecer Lumumba, pero convocó al bloque soviético para ayudar a controlar Katanga, y en el punto álgido de la Guerra Fría eso era un desafío a la CIA. En enero de 1961 Lumumba fue asesinado. El Consejo de Seguridad de la ONU autorizó el uso de la fuerza para pacificar al país, pero Katanga, defendida por los mercenarios blancos dirigidos por "el Loco" Mike Hoare, resistió. El secretario general Dag Hammarskjöld aceptó ser mediador, pero muy pronto también había muerto, en un accidente (?) aéreo. Desde las Naciones Unidas se dijo que el avión fue derribado por mercenarios. Medios sudafricanos dicen tener evidencia concreta de que los responsables fueron dos agencias británicas (el MI-5 y Special Operations Executive) y la CIA. Desde Londres se lo niega, y se alega que en todo caso, los sudafricanos del apartheid pueden haber tenido algo que ver. Independent, 20 de agosto de 1998, y Weekly Mail and Guardian, 28 de agosto de 1998.

  3. New York Times, 16 de febrero de 1997.

  4. New York Times, 19 de mayo de 1997.

  5. New York Times, 19 de mayo de 1997.

  6. New York Times, 16 de febrero de 1997.

  7. New York Times, 19 de mayo de 1997.

  8. Los informes, aquí registrados, de una participación de Executive Outcomes en las fuerzas de Mobutu, jamás fueron comprobados y probablemente hayan respondido a rumores intencionados. Esto no quiere decir, no obstante, que no hayan llegado al Zaire ex-empleados de EO. Por otra parte, agentes de Mobutu intentaron captar otra empresa sudafricana, Safenet, dirigida por el ex-capitán de la fuerza de defensa del apartheid y ex-operador de EO, Mauritz le Roux.. También se dirigieron a Stabilco, una empresa asociada a Safenet, manejada por el mismo le Roux pero registrada en la isla de Man. Estas tratativas no tuvieron éxito debido a la falta de recursos de Mobutu, aunque resultaron útiles para los mobutuístas en la siguiente fase del conflicto congoleño. En cambio, sí se tiene noticias de la participación de un contingente de sudafricanos que conformaron una unidad especial de apoyo al dictador de la República del Congo (Brazzaville), Pascal Lissouba, un aliado de Mobutu que también sería derrocado poco después. Weekly Mail and Guardian 18 de julio y 19 de septiembre de 1997, y 28 de agosto de 1998.

  9. Washington Post, 18 de marzo de 1997.

  10. Vale la pena registrar que en el conflicto de la ex-Yugoslavia operan numerosos mercenarios de las más diversas nacionalidades (incluido algún argentino). En Kosovo, reducto musulmán, operan entre otros los mujaidines, fanáticos religiosos a sueldo (BBC Worldwide Monitoring, 28 de Septiembre de 1998). Por otra parte, en Cachemira la rebelión musulmana contra los hindúes ya no es local sino que está totalmente copada por mercenarios religiosos extranjeros. Fanáticos paquistaníes, afganos, sudaneses, yemenitas y sauditas, entre otros, bien equipados y bien pagos, luchan hasta morir porque saben que si se entregan morirán también (Times, 15 de septiembre de 1998).

  11. Globe and Mail, 4 de marzo de 1997.

  12. Washington Post, 18 de marzo de 1997.

  13. Globe and Mail, 4 de marzo de 1997.

  14. Washington Post, 18 de marzo de 1997.

  15. Globe and Mail, 4 de marzo de 1997.

  16. Washington Post, 18 de marzo de 1997.

  17. Globe and Mail, 4 de marzo de 1997.

  18. New York Times, 16 de febrero de 1997.

  19. Sunday Times, 27 de julio de 1997.

  20. Forbes, 10 de agosto de 1998.

  21. Weekly Mail and Guardian, 14 de marzo de 1997.

  22. Daily Telegraph, 29 de marzo de 1997.

  23. Weekly Mail and Guardian, 14 de enero de 1997.

  24. Weekly Mail and Guardian, 14 de enero de 1997.

  25. New York Times, 19 de mayo de 1997.

  26. Weekly Mail and Guardian, 20 de marzo de 1997.

  27. Según un informe del Fondo Monetario Internacional, las ganancias cupríferas del Zaire se redujeron de U$S 1400 millones en 1988 a 218 millones en 1994. Weekly Mail and Guardian, 18 de abril de 1997.

  28. Mobutu falleció de cáncer de próstata cinco meses más tarde y fue enterrado en Marruecos.

  29. New York Times, 19 de mayo de 1997.

 

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