MORAL Y PRAGMATISMO

 

Guido di Tella (*)

 

La política exterior que hemos adoptado es parte de la gran política nacional necesaria para sacar a la Argentina de la decadencia en que se halla desde hace 30 años, y en tal sentido va de la mano de nuestra política económica. Si el espíritu que anima esta política exterior puede caracterizarse en pocas líneas, este es el de eliminar los obstáculos políticos externos que el exceso de confrontaciones del pasado había interpuesto entre la Argentina y el logro de sus objetivos económicos.

 

En el pasado, la política exterior argentina, victima de una estimación exagerada e inexacta del poder argentino, produjo mas confrontaciones políticas con países poderosos que las que estábamos en condiciones de manejar, generando así un balance negativo de costos y beneficios, y grandes perjuicios para la economía nacional, que se pagaron con el hambre de nuestra gente. Lo que nosotros hemos hecho es eliminar aquellas confrontaciones que no se vinculan en forma directa a los intereses argentinos y, por ende, al bienestar del pueblo, para así concentrar nuestro poder de confrontación en aquellos asuntos en los que si este en juego la salud y la enfermedad, la dicha y la desdicha, de nuestro pueblo.

 

Es así como, mientras hemos dejado de pelearnos con los Estados Unidos respecto de numerosos temas (América Central, la proliferación nuclear y misilística, etcétera) y en el ámbito de diversos foros (como el Movimiento de No Alineados y el Grupo de los Seis), y hemos pasado a cooperar en una serie de cuestiones impensables (como en el caso de nuestra participación en la guerra del Golfo), no perdemos la ocasión para protestar por la venta de cereales subsidiados en nuestros mercados tradicionales o por los derechos compensatorios que traban algunas de nuestras exportaciones. La lógica que subyace a esta táctica es obvia: si nos dedicamos a confrontar con los Estados Unidos y otras potencias en todos los campos, no se nos tomare en serio en ninguno. Si concentramos nuestro poder de confrontación en aquellos temas que son realmente importantes para el bienestar de nuestro pueblo, tenemos una probabilidad mayor de realizar algunos avances significativos.

No se trata pues, de "seguidismo" o de “alineamiento automático”, como han dicho algunos, sino de un manejo más inteligente de nuestros escasos recursos de poder. El hecho de que, de tanto en tanto, surjan problemas serios como el de los subsidios, nos ilustra no el fracaso de nuestra política, sino la magnitud de las dificultades y el carácter suicida de agregar obstáculos políticos innecesarios a negociaciones comerciales y financieras que ya son suficientemente difíciles.

 

Ala vez, pretendemos crear las condiciones propicias para atraer inversiones. Por supuesto que nuestro éxito en este campo dependerá no s6lo de la política exterior, sino principalmente de nuestro éxito en crear condiciones de estabilidad y crecimiento interno. Pero, mientras en el pasado una política exterior confrontativa agravaba las percepciones generadas por la inestabilidad y la decadencia, en el presente una política exterior de cooperaci6n acompaña los éxitos de la política económica en materia de estabilización. En ese contexto se encuadra el tratado de garantía de inversiones que firmamos recientemente con los Estados Unidos, que culmina una serie de acuerdos con Italia, la Unión Belgo-Luxemburguesa, el Reino Unido, Alemania, Suiza, Francia, Polonia, Chile, España y Canadá.

En definitiva, esta es una política exterior al servicio del bienestar de nuestra gente. Como tal, es profundamente moral, porque nada podría ser mas inmoral que la continuación de una tradición de confrontaciones costosas que dañó al país al punto de hambrear a nuestro pueblo. En verdad, cuando la pobreza y la decadencia llegan al punto al que llegaron en la Argentina cuando nos hicimos cargo del Gobierno, en plena hiperinflación, el pragmatismo es la única moral política posible. Todo lo demás es inmoral.

 

(*) Ministro de Relaciones Exteriores

 

Revista Somos 16 de diciembre de 1991