Lunes 22 de julio de 1996

Lic. ALEJANDRO KLADNIEW.Director ejecutivo de la Sociedad Hebraica Argentina.
En las últimas semanas hemos escuchado muchos discursos cargados de impotencia y bronca, que el poder intenta que tengamos para que bajemos los brazos. El poder engaña con el discurso: dice que quiere hacer una cosa y siempre hace otra. Y en este sentido es muy importante para parar la frustración, que sigamos haciendo cosas creativas y efectivas que nos llevan al esclarecimiento del atentado. Cada acción educativa que nosotros emprendemos es un castigo. Porque cada vez que reclamamos, esa acción honra a las víctimas y castiga a los culpables. Por eso propongo, y me comprometo a trabajar para ello, que si este año siguen sin estar esclarecidos ninguno de los dos atentados, el año que viene movilicemos a las comunidades internacionales para ejercer la presión que corresponda también fuera del país. La única reparación que necesitamos es el esclarecimiento y que estén en la cárcel todos los que tienen que estar.

LÍA YELÍN. Escritora y autora teatral
Mi mundo es el teatro y desde ese mundo voy a hablar. Durante algunas temporadas Pasteur 633 fue mi casa. Con el elenco del Teatro Popular Judío pude darme el lujo de dirigir, en la preciosa sala de la planta baja - preciosa sala que no está más, planta baja que no está más -, varios clásicos. El teatro es una actividad dura que exige profesionalismo y sacrificio. Noche a noche, independientemente de lo que a uno le pase, la función debe continuar. En el teatro, a veces, nos sentimos descorazonados o enfermos, pero la función debe continuar. A veces el público está distraído o ausente, pero la función debe continuar. A veces uno piensa que el camino que ha iniciado llegó al final o entró en un callejón sin salida, pero la función debe continuar. En el teatro nunca hay que darse por vencido. Shakespeare dijo que todo el mundo es un escenario y que todos los hombres y mujeres son simplemente actores. Es cierto. En la vida real, al igual que sobre un escenario, a veces dan ganas de rendirse. Soportar tanta indiferencia, tanto dolor, tanta injusticia, parece imposible. Pero la función debe continuar, la vida debe continuar, y la pelea debe continuar. Porque en la vida real, al igual que en el teatro, esa es la única manera de no darse por vencidos. Esa es la única manera de volverse invencibles.

MARCOS ZÚKER. Actor.
Amigos: no puedo más. Yo soy damnificado, por hechos increíbles, de esta mi patria, de este mi cielo que quiero tanto, me han dado mucho dolor. Pero adelante. Me niego siempre a hablar porque estoy muy lloroso, y no quiero mostrar lágrimas para que no me tengan lástima. Pero hay hechos aberrantes que me conmueven más que mis lágrimas.
Yo soy un neto judío, total, absoluto. Y de pronto me está pasando que en una calle cualquiera de esta ciudad, algún inadaptado me diga judío de mierda. Qué deshonra tremenda. Tengo 75 años y 70 años de actividad. Esos actos, el de la Embajada, el de la A.M.I.A., me han llegado a corroer tanto, a quitarme tanto las fuerzas. Pero quiero seguir luchando. Luchando a brazo partido contra aquellos que nos inmolan, que nos matan. ¿Hasta cuándo? Yo les pido a todos que sigamos. Estos tropiezos lamentablemente van a seguir. Hay una ola tremenda de efectos nocivos contra la colectividad. Tomémonos de la mano y sigamos adelante.
No tengo más palabras. Tengo emoción, tengo dolor, tengo angustia. No me quiero ir sin dejar la sensación de que estoy al lado de los que más luchan.
Lunes 29 de julio de 1996.

ANÍBAL SICARDI. Pastor integrante de la Iglesia Metodista Argentina.
Treinta años de "los bastones largos". Algo menos de Ezeiza. Veinte años de una dictadura horrible y de una noche que no queremos repetir en Argentina; desaparecidos. Dos horribles atentados. Y sobre ellos aún un vocabulario que no podemos desalojar de nuestro país; hablar de comunidades histórica entrelazadas en la historia argentina, como si fueran extranjeras. De prejuicios incorporados, armados con mentiras, con palabras que siguen pululando en nuestras mentes para diferenciarnos unos a otros, como si no fuéramos del mismo país. Y que aquellos que venimos de otras herencias étnicas tenemos que hacer el esfuerzo para llegar a abrazarnos como lo que somos; todos partes de una misma humanidad y de un mismo país. Cuántas llaves ensangrentadas que han cerrado las puertas, que podrían sido caminos para un país digno y en justicia. Llaves ensangrentadas con nuestra propia sangre. Y llaves que están en poder de quienes teniendo que ejercer justicia para todos la siguen guardando, y no abren las puertas que deben abrir. No sabemos quiénes son aquellos que han matado tanta gente, por lo menos no lo sabemos públicamente; porque quienes tienen el deber de hacerlo no lo hacen.
Un pasaje bíblico nos habla de Josué entrando en la Kanahán le dice: "Te daré cada pedazo de tierra en que tu pie llegue a depositarse". Porque es nuestra responsabilidad. Y nuestra esperanza y nuestro signo de lucha; conquistar cada pedazo del terrenos de la justicia, y donde hemos de pisar se nos será dado. Esa es nuestra lucha. Sacar de quienes las tienen las llaves ensangrentadas, para abrir las puertas que nos lleven por los camino de la justicia y la dignidad.

DAVID VIÑAS. Escritor.
Lo obsceno es todo aquello que queda afuera de la escena. Lo que no se ve o no se quiere ver. Y por eso digo ahora que es obsceno y miserable que hasta hoy no hayan aparecido los culpables del crimen de la calle Pasteur. Obscenos los responsables del crimen, desde ya; y obscenos los de un gobierno responsable de que no aparezcan los culpables. Obscenidad y miseria. Y culpabilidad y falta de responsabilidad. La culpabilidad con el paso del tiempo no prescribe, se agrava. Y sobre todo en este lugar, y ahí están los Tribunales que son llamados Palacios de Justicia. Pero en realidad ese es el Palacio de la Injusticia. Y aquí estamos nosotros que reclamamos justicia, y aquí el pueblo justo, el pueblo de la justicia. Y hablo en nombre del pueblo justo de esta ciudad, y el recuerdo de los asesinados en la calle Pasteur. También he venido aquí a recordar el nombre de mis dos hijos asesinados. Palacio de la Injusticia, ahí; y pueblo que clama justicia, aquí. Palacio enorme de la Injusticia, ahí; y pueblo de a pie, pueblo pueblo que exige justicia aquí. Palacio injusto ahí, pueblo justo aquí. Pueblo justo que exige justicia, y exige justicia.

ANA MARÍA SHÚA. Escritora.
Hace poco más de dos años yo estaba con mi familia en Chicago, en casa de mi hermana que tuvo que exiliarse en el 76, a causa del terrorismo de Estado; que tuvo la suerte de poder exiliarse a tiempo. Allí recibimos la noticia. Desde el extranjero leíamos una y otra vez las listas de las víctimas. En Buenos Aires mi hija recibió la noticia de que había muerto el padre de una compañera. Era Guillermo Baderraga, un señor que tenía una imprenta frente a la A.M.I.A. El primer pensamiento de mi hija, antes de la reflexión, fue el de muchos: justo alguien que no tenía nada que ver. Yo tengo 45 años, y no puedo dejar de recordar lo que mi generación aprendió con sangre: que no hay terrorismo bueno, que no hay terrorismo justo, que ninguna víctima del terrorismo tiene nada que ver. Hemos tenido el desgraciado privilegio de ver los cadáveres del atentado a la A.M.I.A., por eso no pedimos aparición con vida. Y esta vez, yo quiero pedir algo más que castigo a los culpables, algo que no tenemos y que necesitamos desesperadamente: justicia para todos los argentinos.

PÉREZ CELIS. Artista plástico.
Si la vida es el valor supremo, cercenar la vida es el delito supremo. El corazón se resiste a seguir a la mente en sus ideologías separatistas, clasificadoras de mitos y creencias; y cuando se subordina a ella ha dejado de ser un corazón, porque ha perdido su sensibilidad. Es una máquina sujeta a un mecanismo, se separó, dejó de pertenecer al universo, se fragmentó; y el hombre quedó desamparado, se desprendió de su carril natural y tiene un destino incierto. Separarse del ritmo de la creación genera violencia; violencia que se descarga hacia aquellos que no están en el círculo de nuestras creencias; y así se pretenden justificar los actos más salvajes. Estamos casi entrando en el tercer milenio. Ya las distancias no pueden separarnos. Es importante que veamos que la separación es generada por la mente. Y esas distancias creadas por la mente sólo pueden desaparecer por el sentimiento de unidad que emana del corazón. Hacer una síntesis de todo lo bueno que hay en el todo, con un profundo respeto de los que son distintos; y admirar la maravillosa diversidad de la creación. Por eso el ataque a la A.M.I.A. fue a todos y cada uno de nosotros. Fue tan discriminatorio que discriminó a la condición humana como tal. Destruyó el sentido del ser, lo fragmentó en porciones fanáticas no justificadas en ninguna creencia. La bomba que desencadenó la tragedia nos exige que se cumpla la necesidad de justicia. Porque no se engaña el dolor del corazón con excusas; y menos con una justicia meramente formal, tan distraída como lenta. Ciertos crímenes que físicamente les suceden a otros, pretenden falsamente exceptuarnos de la humillación y el dolor; como si fuera posible la excusa de sentirnos a salvo, porque somos de otra tribu o de otro barrio. Aunque últimamente la codicia materialista nos quiera atomizar en una masa de individuos egoístas y no solidarios. No es este el caso que nos convoca. A diferencia del arte, que es integrador, universal, no establece fronteras para que todos puedan sentirlo; el fanatismo es disgregador, sectario e impiadoso. Sé que esta ceremonia no es una rutina para canalizar el dolor sino una consigna civil; y que no es una tribuna de arengas y emociones sino una convocatoria para fortalecer nuestra lucidez ciudadana. Debemos generar desde nuestra mente y nuestro corazón la energía necesaria para elevar nuestra conciencia, y entonces la verdad y la justicia se precipitarán inexorablemente.


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Lunes 29 de julio de 1996

Hace 106 semanas que a esta hora, 9 y 53, explotó una bomba que mató a 86 de nuestros seres queridos; y hace 106 semanas que nos reunimos acá pidiendo justicia para nuestros muertos. Pero hagamos un poco de historia. Un 17 de marzo de 1992, a las tres de la tarde, explotó una bomba en la embajada de Israel. 29 muertos y un centenar de heridos. ¿Qué hizo nuestro gobierno? Se encogió de hombros, miró para otro lado. Y como el tema era en tierra de un país extranjero, que se arregle la Corte Suprema; total, no va a descubrir nada y no alterará las relaciones comerciales y fraternales con Irán. Pero un 18 de julio de 1994 explotó una bomba en pleno corazón de Buenos Aires, en tierra argentina, y mató a 86 seres humanos en su mayoría argentinos y algunos bolivianos; algunos judíos y algunos no judíos. Esta vez no podían encogerse de hombros. Esta vez la investigación debía hacerla un juez federal y los servicios de seguridad argentinos. El juez Galeano viajó a Venezuela, y su declaración de que "se van a caer de espaldas" nunca pudo concretarse, porque se necesitaba que la Corte Suprema quitara la inmunidad diplomática a determinados individuos de la embajada de Irán. La Corte no lo hizo y estos individuos salieron del país. Por supuesto, si se quitaba la inmunidad diplomática se resentirían demasiado las ya maltrechas relaciones con Irán.
Los Servicios de Seguridad no investigan. El juez cuenta con pocos elementos. Los carapintadas son liberados. El Ministerio de Justicia a cargo de un nazi confeso. Y así se va llegando a los dos años. Cuando de pronto se presenta la posibilidad de un encuentro de nuestro Presidente con el presidente Clinton. Y entonces, oh sorpresa, se remueve al ministro Barra, aunque se lo aplaude y condecora. Se renueva a la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Y así estamos hoy, a dos años. Luchando por la justicia. Reclamando al presidente Menem una entrevista durante ocho meses. El presidente Clinton acudió a hablar con los familiares de Oklahoma al otro día del atentado. Y con el accidente del avión TWA acudió a los familiares a explicar por qué iba tan lento el rescate de los cuerpos y pedir perdón. La reina de Inglaterra acudió con la princesa Ana al jardín de infantes de Escocia cuando fueron asesinados los niños. Pero claro, ellos no deben ser mandatarios de países que están en el Primer Mundo, como el nuestro.
Esto es lo que tenemos hasta ahora, a 106 semanas y a dos años. Pero no bajaremos los brazos. Seguiremos denunciando y gritando la falta de justicia hasta que nuestros muertos puedan descansar en paz.


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Lunes 5 de agosto de 1996

Parece que por fin, a dos años y dieciocho días del atentado a la A.M.I.A., la investigación a cargo del juez Galeano entró a profundizarse. Sin embargo debemos adoptar una actitud cauta. No podemos olvidar lo ocurrido con los carapintadas, que procesados y con prisión preventiva dictada por el juez, fueron puestos en libertad por la Cámara. No podemos olvidar que la pista iraní quedó pulverizada por la Corte. Asimismo hoy debemos poner de manifiesto la desafortunada gestión que tuvieron en este tema el gobernador Duhalde, su secretario de seguridad Piotti, y el jefe de policía de la Provincia de Buenos Aires, Klodczyk, quienes ya desde junio del año pasado tenían las claves que recién ahora parece ser que fueron determinados con los autos de procesamiento y prisión preventiva de los policías de la provincia.
Desde esta plaza seguiremos exigiendo que esta investigación sea profundizada sin claudicación alguna. Continuaremos en permanente movilización. Seguiremos diciendo que la impunidad es enemiga de la paz.


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Lunes 12 de agosto de 1996

La parábola del hombre que tenía las manos atadas cuenta que una noche llamaron a su puerta. Cuando abrió se encontró a sus enemigos. Eran varios y le ataron las manos. diciéndole que así sería mejor; que con las manos atadas no podría hacer nada que los molestara. Al principio el hombre trató de romper sus ataduras. Poco a poco consiguió valerse para seguir subsistiendo con las manos atadas y comenzó a olvidarse de que alguna vez había tenido las manos libres. Al cabo de los años, hasta llegó a creer que era mejor vivir así. Un día, sus compañeros lo rescataron de sus enemigos, rompieron las ligaduras que le ataban las manos. Ya eres libres, le dijeron. Pero era demasiado tarde. Las manos del hombre estaban totalmente atrofiadas.
No quisiéramos resignarnos como el señor de la parábola a una pasividad forzada; y dejar que los atentados a la A.M.I.A. y a la embajada de Israel queden impunes, porque nuestras lenguas fueron obligadas a atrofiarse por tener que permanecer en un silencio impuesto. Cada una de las partes del cuerpo de un individuo necesita manifestarse en libertad, así como los pensamientos y las voces. Porque una persona que no puede hacer uso de su pensamiento y de su voz pierde su dignidad como ser humano.
No nos quedaremos con la voz muda y los brazos bajos,fue un asesinato en masa.
No permitiremos que nadie ni nada nos atrofie la voz.


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Lunes 2 de septiembre de 1996

BASIA KUKPERMAN. Artista plástica.
Cuánto más se puede decir. Cuánto más se puede llorar. Pero aún queda el sonido de las voces, las miradas acusadoras, nuestra obstinada presencia. Aquí estaremos hasta que las autoridades que dicen gobernarnos decidan despojarse de sus hipócritas disfraces y enfrentar la realidad; con la verdad absoluta sobre los hechos, señalando a los culpables y haciendo justicia. Queremos la verdad. Que de una vez por todas actúen como seres humanos y se ocupen de las funciones para las que fueron elegidos. Este es nuestro país. Elegimos democráticamente un gobierno; pero no les otorgamos con ello el título de patrones ni propietarios de la Argentina. Depositamos en ellos la confianza para que gobiernen, administren y eduquen, para que generen progreso y velen por sus habitantes; y por lo mismo al único perdón al que deben aspirar es al perdón del pueblo argentino; al perdón de los familiares de tantas vidas truncadas. Sería la única manera para poder redimirse y dignificar la imagen del país.

Dr. GABRIEL LERNER. Abogado de la CORREPI.
¿De qué hablar? ¿Del dolor de los que no están, de nuestra solidaridad, por el dolor y la lucha? Tuve que elegir y me decidí por un triste y breve relato y una reflexión.
Cristian Ariel Campos tenía 16 años. Flaquito, morocho, pelo largo. Dicen los que lo conocñian de aquel barrio humilde de Mar del Plata que se destacaba por su frescura y su alegría. Desconozco los por qués, pero un agente de una comisaría cercana asu casa tenía al Chavo - así era conocido Ariel - entre ceja y ceja. Un día el tipo lo fue a buscar, de uniforme, en patrullero, con arma reglamentaria. Lo detuvo cerca de su casa, en nombre vaya uno a saber en nombre de cuál de las arbitrarias herramientas que los jueces y legisladores reconocen a los policías para meter presa a gente pobre y humilde. Al día siguiente el Chavo no aparecía, y todos, su familia, sus vecinos, su novia, salieron a buscarlo. Su cuerpo finalmente apareció, frío y calcinado en algún baldío de la ciudad. Testigos valientes e indignados, y algonas pericias, permitieron conocer lo que había sucedido. El policía secuestrador lo había fusilado con una Itaka allí en el baldío, y lo dejó. Más tarde el hombre, la bestia, volvió con tres policías más; todos de uniforme y en patrullero. Quemaron el cuerpo de Cristian; pero como la macabra tarea quedó inconclusa, volvieron más tarde para finalizarla.


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Lunes 9 de septiembre de 1996

MARCELO CÉSPEDES. Documentalista y Cineasta.
Me resulta muy difícil hablar. Simplemente decirles que yo, como mi asociación que se llama Cineojo, venimos desde hace más de diez años trabajando con las imágenes. Una de las razones que nos llevó a constituirnos tenía que ver con el hecho de registrar y documentar la memoria de un pueblo, de un país; y muchas veces, a partir de varios trabajos que he hecho, fui haciéndome cada vez más escéptico por el país en el que estoy viviendo; un país que prefiere el olvido a la memoria. Sin embargo esta imagen que estoy viendo me hace sentir esperanza, porque esa obstinación de justicia y de memoria que tienen ustedes me gratifica, y ayuda a Cineojo a seguir trabajando en esto. Mi mayor solidaridad con todos ustedes.

ADOLFO MOGUILEVSKY. Profesor de Educación Física.
Escuchad, señores de la justicia. Esta no es la voz plañidera de un judío que suplica por sus muertos. Esta es la voz altiva, firme, de un argentino que reclama porque su país fue enviado al descenso, por utilizar términos deportivos. De un país que en poco tiempo pasó de ser antorcha a barro. De un país que mis padres conocieron en ascenso y yo en descenso. Vengo como argentino para reclamar que se luche por la vuelta al ascenso. Quiero que este equipo formado por argentinos sepa que hay muchos argentinos que estamos detrás de ese ímpetu que no existe. Queremos que ustedes levanten la cabeza, que usen nuestras mejores fuerzas; y verán cómo el país resurge. ¿Qué están esperando para hacer lo necesario para que recuperemos esa postura que teníamos? ¿Que la hinchada los silbe más de lo que los está silbando ahora? ¿Que los defenestre, que quiera que se vayan? Estos argentinos que estamos aquí nucleados no olvidaremos. No venimos a llorar. Venimos a exigir que ustedes apliquen la justicia que tienen en sus manos.

HORACIO EMBÓN. Periodista.
Mañana el juez Galeano tendría que definir la situación procesal de los policías involucrados. Se habla, una vez más, de amenazas mafiosas, de miedos y de intrigas. El fanático loco que anda suelto en algunas cabezas de esta historia quiere volver a trabar las manos y la boca de la justicia. Como hombre y como periodista vengo a renovar mi lealtad a esta causa aún no resuelta. No puedo pedir que los muertos descansen en paz si no hay asesino preso. No nos ayuda que se sigan pegando en el pecho, haciendo cada uno loo que puede con su conciencia. Porque ustedes no se han quedado con el silencio ni llorando solamente su duelo, sino han seguido para ponerle nombre y apellido a los criminales; reitero mi compromiso, mi trabajo, para que se haga justicia en un país de impunes y olvidados.


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Lunes 18 de noviembre de 1996

JAVIER INGUELMAN. Perteneciente a la comunidad judía de General Roca.
Como miembros de la comunidad judía, y como miembros de la sociedad argentina, ya seamos de Posadas, Bariloche o General Roca, nosotros también nos sentimos dañados. Por eso venimos aquí, con ustedes, a reclamar justicia.

RAÚL LAMADRID CERNADAS . Dramaturgo
Vengo a sumar mi voz, la voz de otro argentino más, a las voces que lunes tras lunes dan testimonio del dolor, del atropello, del crimen brutal hasta ahora impune; y de la sangre que por esto mismo aún permanece fresca no sólo en la memoria, sino en nuestra cotidianeidad; como si el atentado a la A.M.I.A., como un rito siniestro, se reiterara día tras día desde aquel 18 de julio de 1994 hasta este 18 de noviembre de 1996. Carezco de la práctica del orador; mi oficio de autor me limita para ocupar esta tribuna. La emoción de la letra escrita tiene la convicción de ser un rito, no sobre el rito mismo, sino sobre la madurez de lo sufrido. Por esto, y sin olvidar sin una sola lágrima del llanto, ni del padecimiento, ni de la indignación que es de todos, quiero compartir con ustedes estas reflexiones. No ha habido siglo que amaneciera a la historia con mayores esperanzas para la humanidad que este siglo XX. La democracia, el avance científico, la revolución tecnológica, abrieron las puertas a la modernidad con la certeza de un mundo de igualdad, de libertad y de progreso. Ahora, en sus postrimerías, lo contemplamos azorados, sabiendo que ha sido el siglo más violento de la historia humana. El siglo de las guerras apocalípticas y de los genocidios más atroces en salvajismo y crueldad; que se iniciaron en 1912 con la masacre del pueblo armenio, y que encuentran en el holocausto judío su expresión más perversa, si puede haber en el horror grados de diferenciación. También supimos en nuestro país del espanto del genocidio, como de sus cicatrices incurables. Nuestro siglo no sólo acabó con las ilusiones, sino también ha intentado acabar con las ideas. Ahora, sobre el final de siglo, ocupan el protagonismo personajes que no son nuevos: el fundamentalismo religioso, ligado al terrorismo internacional; y el rostro anónimo del capitalismo salvaje que privilegia las razones económicas por encima de la misma condición humana.
Nadie ignora la responsabilidad que les cabe a nuestros magistrados, a nuestros funcionarios por esclarecer y castigar este crimen; ni a nosotros como sociedad para exigirlo. Quiero decir que debemos comprender que el ataque esencial de la violencia es a la identidad. A la congoja de la A.M.I.A. se agregan las otras A.M.I.A.S cotidianas. Tenemos que tener memoria activa para reclamar justicia por el crimen perpetrada, pero también memoria activa para sentirnos cada día más integrados y cada día más ávidos de solidaridad. Porque sólo así la justicia será nuestra y no de los otros.


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Lunes 25 de noviembre de 1996


Hace algunas semanas, en un programa radial, se escucharon las siguientes declaraciones: "Yo lo que digo es: uno se ocupa de la justicia, otro de la seguridad; la sensación que tengo, como muchos ciudadanos, es que en Argentina no hay ni seguridad ni justicia. Ojo, hay muchos buenos policías, muchos buenos gendarmes, jueces y fiscales, hay muchísimos. Pero lamentablemente hay en algunos lugares gente que responde a estructuras que se han armado y que manejan estos dos ministerios; que hacen que la sensación nacional e internacional sea que en Argentina, lamentablemente, no hay justicia ni seguridad". Estas declaraciones corresponden nada más ni nada menos que al ex ministro Cavallo; que además agregó, en relación a las preguntas planteadas por funcionarios norteamericanos, lo siguiente: "Pero siempre me preguntan: ¿Y la A.M.I.A., y la embajada de Israel? ¿Cómo puede ser que dos delitos que son prácticamente idénticos, que tuvieron que pasar gente y materiales por la frontera, puedan tener apoyo logístico; y no se haya descubierto nada, o muy poco, y sea un tema que aparentemente no preocupa, no?" Aunque parezca mentira, estas son las dudas del ex ministro Cavallo, que compartiera numerosísimas reuniones de Gabinete con, entre otros, el titular de la S.I.D.E., Hugo Anzorregui; y que nunca tuviera la preocupación de plantearlos públicamente, después de haber sido durante siete años hombre de Menem en las carteras de Relaciones Exteriores y Economía. Quizá, por aquellos tiempos, el ex ministro no se hubiera imaginado jamás que el interventor de la Dirección Nacional de Migraciones, Hugo Franco, había ordenado destruir la documentación que la División Ingreso y Egreso archivó hasta el año 95; y que, seguramente, podría haber aportado datos acerca de la gente y materiales que pasaron por las fronteras; de los cuales hace explícita mención el Dr. Cavallo.
La catarata de hechos impunes no termina aquí. La Corte Suprema de Justicia de la Nación, la misma que no autorizara al juez Galeano a interrogar a los diplomáticos iraníes; la misma que negara el per saltum presentado por los familiares de las víctimas del atentado a la A.M.I.A. para tratar de revertir la situación de los carapintadas; la misma que solicitara a un falso profesional que realizara una pericia que, mágicamente, después de más de cuatro años, sentenció que en la embajada de Israel ocurrió una implosión; esa misma Corte Suprema le comunicó a los integrantes de la Comisión Bicameral del Congreso de la Nación, constituida para hacer un seguimiento de la investigación de los atentados contra la embajada de Israel y la A.M.I.A., que le estaba vedado seguir adelante con dichas investigaciones.
Los familiares y amigos de las víctimas no tenemos otra alternativa que la de continuar con nuestro permanente reclamo de justicia. Por ello, una vez más, le pedimos al juez Galeano que cite a declarar al Dr. Cavallo, tal como se comprometiera en una audiencia que nos otorgó días atrás. Les pedimos a los miembros de la Comisión Bicameral que insistan en este camino que lentamente han empezando a transitar, para poder hacer finalmente lo que muchos otros ya han dicho: investigar la investigación.


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Lunes 2 de diciembre de 1996

HÉCTOR PARED. Cura párroco de la Iglesia Nuestra Señora del Milagro, de Florencio Varela.
No sé si con alegría, pero sí con el corazón y el sentimiento de un hermano, quiero compartir con ustedes este momento tan importante; donde con su presencia ustedes golpean la conciencia y el corazón de todo el país, diciendo que en nuestra patria no existe la justicia, existe la impunidad y el encubrimiento. Se dice que este lugar es la capital de la impunidad. Les puedo decir que hay muchas sucursales en todo el país. Me toca recorrer el país con la Hermana Marta Pelloni, y les puedo asegurar que está lleno de corruptos, de gente impune, de jueces que se venden al poder político o a los feudos. No es casualidad que ocurra lo de la A.M.I.A. Tenemos un Estado mentiroso, hipócrita frente a la realidad y al dolor de tantos hermanos. Dice que hay que esperar. ¿Qué hay que esperar, que sigan eligiendo más jueces corruptos? Esto nos pasa. Por eso, aunque seamos dos en este lugar, o uno en cada pueblo de nuestro país que levante la voz con su presencia, estamos haciendo memoria con los valores tan esenciales a nuestra patria.
Como Iglesia a la que pertenezco también tenemos que cambiar. Doy gracias a Dios que el nuevo grupo que está coordinando el Episcopado, con su presidente, Monseñor Candi, ha empezado una ronda de diálogo. Que sea rápido, que dialoguen pronto; porque necesitamos gestos y denuncias rápidas. Porque nuestra gente se está muriendo; y hay atentados que se organizan, cortinas de humo que se planifican, y gente que se instala en el poder con mentiras, encubrimiento e impunidad.

SILVINA CHEDIEK. Periodista.
No esperen de mí un discurso porque no sé darlo. Tampoco quise pensar demasiado porque de eso me ocupo. Quise sentir porque de eso se trata. Sentir y tratar de traducir los sentidos no es muy fácil. Mi trabajo es el de preguntar, no el de dar respuestas. Creo que en los ojos de cada uno de los presentes hay una pregunta que todavía no tiene respuesta. Esa pregunta sin respuesta es una herida que no deja de sangrar. Sentí la bomba de la Embajada, sentí la bomba de la A.M.I.A. Me pregunto junto con todos ustedes hasta cuándo vamos a esperar que la herida empiece a cicatrizar.
A mí me toca este año conducir un programa que se llama Mosaico, que es desde la comunidad judía para todo nuestro país. Yo no pertenezco a la comunidad, pero eso no me impide sentir junto con todo el pueblo judío el dolor de muchísimos siglos de persecución. Yo conozco mucha gente que nunca fue perseguida ni discriminada. Pero no conozco nadie que no se haya sentido dolido con estos atentados. Es decir que este dolor nos hermana a todos. Al que no le duele que se pregunte: ¿qué me pasa? ¿Quién anestesió mi corazón?


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Lunes 9 de diciembre de 1996

ARIE STOKMAN. Rabino.
Estamos celebrando Jánuca. Ayer a la noche encendimos la cuarta vela de Jánuca, de un total de ocho. En esta fiesta, la pregunta es en qué nos asemejamos. Qué podemos aprender de aquel acontecimiento vivido hace aproximadamente 2.200 años, cuando un pequeño grupo de seres humanos lucharon contra una potencia, en aquella época los griegos, para poder ser quienes ellos querían ser. Qué casualidad. Pequeño grupo de seres humanos. Nosotros. Que luchamos contra una fuerza que, aparentemente, no tiene interés en resolver lo que debe resolver. Y quiere que nosotros dejemos de ser lo que queremos ser: seres humanos que viven en libertad. Se generó en aquella oportunidad un milagro: una luz, en lugar de estar encendida un día, estuvo encendida durante ocho días. Y nosotros somos también un milagro. Aquellos que quieren que desaparezcamos hacen que nosotros sigamos encendiendo luces cada lunes, para luchar en contra de la oscuridad. Y tal vez esta fiesta de las luminarias, nos insta a seguir adelante; haciendo que 86 luminarias, 86 seres que nos dan luz y fuerza para seguir adelante, nos permitan seguir encendiendo otras luces. Para que juntos, en lugar de encender fuegos que permitan la destrucción, podamos juntar nuestras manos para encender una sola antorcha: la antorcha de la libertad, de la justicia, del ser. Ser seres humanos plenos, que queremos construir con otros una ciudad mejor, un país mejor; tal vez un mundo mejor.

Dr. CARLOS ESCUDE. Periodista
Argentina. Voladura de la embajada de Israel. Voladura de la A.M.I.A. Profanación de tumbas. Pierri que trata a un periodista de judío piojoso. Suárez Mason que expresa su antisemitismo públicamente y con desparpajo. Policías procesado por los atentados terroristas. La siniestra sospecha de que por encima de ellos hay intocables aún más involucrados. La sensación de que la investigación no puede progresar porque incriminaría a personajes demasiado cercanos al poder. La intuición de que el poder político no puede resolver su grave dilema: enfrentar el chantaje probable de esos personajes o pagar los altos costos internacionales de no resolver el caso. La certeza de que muchos agentes de seguridad secretamente simpatizan con los dichos de Suárez Mason y están felices de que la investigación no prospere por pura perversión ideológica, aun cuando no estén personalmente involucrados. Argentina. Tierra de políticos sin principios. País de dirigentes sin ideales. Nación de pequeñeces e hipocresía. Patria de un pueblo sin heroísmo. Que Dios te salve, Argentina, porque por ti misma no te salvarás.

CARLOS JUVENAL Periodista.
Tendría que hacer mías las palabras del Dr. Escudero. Tengo la sensación al verlos como si nos detuviéramos en el tiempo. Y seguimos comentando que la investigación de este caso generosamente podría ser calificada de lamentable. Yo creo que todos los hombres providenciales de la historia tuvieron detrás a miles que los siguieron. Nos podríamos remontar a Moisés o a Ghandi. No estuvieron solos. Yo tengo la sensación de que ustedes sí están solos. Que esta sociedad que permitió el genocidio del Proceso está permitiendo que pasen los días así esto se olvida lo más rápido posible. Nazis no investigan nazis. Si ustedes leen las primeras hojas de esta investigación advertirán la ligereza, la torpeza, la complicidad de quienes pudieron llegar a la verdad y no quisieron. ¿Dónde está la puerta de la A.M.I.A. que sería un elemento vital para saber dónde estuvo el explosivo? Seguramente en el lecho del Río de la Plata. Cuando a este pillo ladrón de autos lo detuvieron en el Departamento del Orden Constitucional, allí le facilitaron un teléfono para que pudiera mejorar su endeble coartada. Todos sabíamos de la connivencia de estos policías corruptos, ladronzuelos de autos, con el gobierno del Dr. Duhalde. Y no pasó absolutamente nada. ¿Y cómo es posible que ante los antecedentes nazis de un ministro, nada más ni nada menos que de justicia, haya habidos sectores políticos de vuestra colectividad que lo hayan disculpado? Menem fue menos indulgente, lo obligó a renunciar. Por favor, ustedes son la memoria. La historia indica una permanente lucha de la memoria contra el olvido. El olvido es la mentira. la injusticia, la muerte. La memoria es la verdad, es la justicia, es la paz. Ojalá que ganen ustedes. Que así sea.


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Lunes 23 de diciembre de 1996

Hace 127 semanas el presidente Menem pedía perdón por el atentado perpetrado contra la sede de la A.M.I.A. Hace 76 semanas, en un tono mucho más bajo que el usado en su mensaje de fin de año en 1994, reiteraba que tenía una deuda con la comunidad judía por la falta de esclarecimiento de la masacre de la calle Pasteur. El jueves pasado, en una condescendiente labor de Mariano Grondona, el hombre del indulto fácil no vaciló en afirmar que la Argentina era el país con la mayor seguridad del mundo y con la justicia más independiente, según versión de Página 12 del día 20 de diciembre. Su ex hombre de confianza, el arrepentido Dr. Cavallo, no demoró demasiados minutos en aparecer en el canal con, presumiblemente, la misma intención de manifestar algunos de los conceptos vertidos en su declaración testimonial en el juzgado del Dr. Galeano el martes pasado. Entre otros, el Dr. Cavallo dijo que el mismo día del atentado a la A.M.I.A. el Sr. Hugo Franco había arrojado la hipótesis de que la bomba era fruto de alguna disputa interna dentro de la colectividad judía.
Sabemos que éste, nuestro permanente reclamo, es una tarea ardua, por momentos muy desgastante; pero lo hacemos porque entre otras tantas razones nunca vamos a permitir que dentro de 20 años algún dirigente comunitario diga: con humildad, reconozco que pudo hacerse más en nuestra actividad con los familiares de las víctimas del atentado a la A.M.I.A., creo que cometimos errores, y reitero mi sincero pedido de perdón. Pedido de perdón que como hace 127 semanas, declamara el hombre del indulto fácil.

... En agradecimiento a los que conducen Memoria Activa, a los que organizan los actos de cada lunes, a los que dan la cara, a las mujeres, hombres y jóvenes que nos acompañan cada semana, les dedicamos los familiares este poema titulado "Mil gracias, hermanos".


Cuando cada lunes arrecian los vientos
y las lluvias mojan el verdor de esta plaza,
cuando los pesados calores agobian
y el invierno frío castiga las caras;
ellos están siempre, estoicos, parados,
tendiendo sus manos,
dándonos aliento
para que nuestros reclamos sean escuchados.
Son mujeres y hombres que tienen la suerte
de no haber perdido a seres amados
en dos atentados cobardes, malvados;
pero al mismo tiempo perdieron a muchos
porque todos ellos eran sus hermanos.
Todos ellos saben lo que es amar a un hijo
y que criminales lo hayan matado;
ellos todos saben que un hogar se cae
cuando falta el plato del hombre a su mando;
que los hijos cuando no hay una madre
y que ya no hay risas cuando falta un hermano.
Todos ellos saben que un dolor nos roe,
nos aprieta fuerte, nos va sofocando;
pero cuando nos miran, nos apoyan, hablan,
recobramos fuerzas, los gritos afloran,
y pedimos fuerte lo que reclamamos.
Pedimos justicia para nuestros muertos
y ellos la piden para sus hermanos.
Hacemos memoria para que no olviden
y ellos nos ayudan siempre a recordarlos.
A los que conducen Memoria Activa,
a los que cada lunes están a nuestro lado,
a los que claman pidiendo justicia
para que se aclaren los dos atentados;
les decimos que con esfuerzo, tesón y sin miedos
llegaremos juntos al lugar ansiado.
No sabemos cuándo, ojalá sea pronto.
Si así sucediere, habremos logrado un triunfo entre todos
porque para eso luchamos.
Cuando llegue el día que los asesinos
con rigor intenso sean castigados,
con llanto en los ojos, con paz en el alma
y un poco cansados;
les diremos a coro, en el nombre nuestro
y en el de tantos inocentes masacrados:
mil gracias amigos; mil gracias, hermanos.

SOFIA GUTERMAN


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Lunes 30 de diciembre de 1996

ALDO ECHEGOYEN. Pastor de la Iglesia Metodista Argentina.
Por ser el último lunes de este año esta reunión tiene un significado muy especial. Por un lado significa que la verdad y la justicia todavía esperan. Todavía esperan porque hay otros intereses que frenan el esclarecimiento de la verdad y la realización de la justicia. Y esta situación puede ser comparada con otra en el país: todavía la verdad espera acerca de miles de desaparecidos; la verdad espera acerca de atentados, de hechos de violencia; todavía la verdad espera. Hechos ocultos, como María Soledad Morales, o Miguel Bru, o tantos otros. Memoria Activa nos convoca y esta convocatoria es una denuncia contra el hecho de una verdad y una justicia que están esperando. Pero no es bueno para la democracia de un país tanta espera. Y estamos aquí porque reclamamos el conocimiento de la verdad y la realización plena de la justicia, y creemos que es una obligación ética y moral hacerlo.
Esta convocatoria sucede también en el preciso momento en que un país latinoamericano ha llagado a un significativo acuerdo de paz, me refiero a Guatemala. Guatemala ha vivido 36 años de guerra, 100.000 muertos, 40.000 desaparecidos, miles y miles de viudas y huérfanos; todo un largo camino de dolor y violencia. Y aproximadamente diez años atrás algunos soñaron y lucharon por la paz. Con porfía, con terquedad, con insistencia, con fidelidad. Y hoy es una realidad la paz en Guatemala.
Y esta convocatoria de Memoria Activa tiene también sabor a digna terquedad, fiel insistencia, santa porfía en favor de lo que sabemos debemos conocer. Y esa actitud de santa terquedad es levadura de utopía, es almácigo de sueños.

LUIS FARINELLO. Cura Párroco de la Iglesia Nuestra Señora de Luján.
Siempre el hombre declaró la guerra al hombre. Siempre el hombre ha matado a su hermano. Desgraciadamente es así. Hemos matado millones de indígenas para robarles. Hemos ido a buscar a las costas africanas a los negros, para traerlos encadenados y que murieran aquí como esclavos. ¿Cuántos millones de jóvenes en las dos últimas guerras mundiales? ¿Cuánto dolor, el holocausto? ¿Cuántos mutilados? Siempre el hombre ha declarado la guerra al hombre.
¿Qué decirles, sino sentirnos avergonzados de ser hombres? Este universo tan hermoso, esta patria tan formidable, ¿qué es lo que hemos hecho? ¿Por qué el odio, las bombas, la incomprensión, la falta de justicia? Qué misterio es el corazón del hombre; capaz de tanta ternura y heroísmo, y también capaz de tanta tortura y tanta muerte.
El deseo es que algún día los hombres nos podamos mirar a los ojos hondamente, y nos reconozcamos hermanos. Solamente así una Nueva luz inundará la humanidad. Si no hacemos esto la violencia y la guerra serán la más triste realidad de la historia de los hombres.

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