ARCHIVOS: Informes de las misiones diplomáticas argentinas sobre la política racista Alemania y los paises de la Europa ocupada (1933-1945)

    La política racista en Italia (1938-1945)


[En expediente titulado "CAMPAÑA RACISTA INICIADA EN EL REINO", fechado en 1938, se agrupan una serie de notas enviadas desde las Embajadas de la República Argentina ante la Santa Sede y ante Italia. En ellas se lleva a cabo un análisis pormenorizado de la situación de los judíos en Italia, de las políticas adoptadas por el régimen fascista y de la repercusión generada por las mismas en la Santa Sede. Las últimas notas refieren a la protección de los ciudadanos argentinos afectados por la  campaña antisemita. (N. del C.)

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AMREC, D.P. Italia, 1938, Exp. 16, Nota No. 81, Roma, Embajada ante la Santa Sede, 2/07/38. ( Se trascribe la nota y se incluyen los anexos periodísticos)

[El 2 de julio de 1938, el Embajador Carlos Estrada,  representante argentino ante la Santa Sede, envía una nota reservada al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, José María Cantilo, informando sobre las reacciones críticas del Vaticano ante la campaña racista iniciada por esos días en el Reino de Italia. (N. del C.)

R.E. - N° 81.

Reservada

Roma, Julio 2 de 1938.

Señor Ministro:

La campaña de carácter racista, recientemente iniciada por el Gobierno italiano, a la que al comienzo se le quiso revestir de un aspecto puramente científico u objetivo, ha derivado bien pronto, surgiendo a la superficie su verdadera finalidad, no ya doctrinaria y sociológica, sino marcadamente política. Esta derivación, prontamente percibida por el Sumo Pontífice, ha producido en su espíritu justificada alarma y la reacción consiguiente.

Con el beneplácito sino por encargo del Partido Fascista, un grupo de profesores de las ciencias afines al problema, redactó el memorandum que ha de servir de base para su estudio más completo. El lunes 25, el Secretario del Partido, Achille Starace —realizador directo del pensamiento de Mussolini— ante ese grupo de profesores y otros de las docencias de los principales centros universitarios y culturales de Roma, pronunció un discurso en el cual, después de recordar que el fascismo, desde su iniciación en el poder, realiza una política racista, que consiste en un continuo mejoramiento cuantitativo y cualitativo de la raza italiana, expresó claramente que, después de esa acción ha venido la formulación doctrinaria, a la que no debe de atribuírsele un sentido académico, sino determinante de una ulterior y precisa acción política y, agregó:

“Con la creación del Imperio, la raza italiana ha entrado en contacto con otras razas y debe por ello prevenirse de todo “ibridismo” o contaminación. En tal sentido, ya se han elaborado y aplicado leyes “razziste”, en todo el territorio del Imperio.

En cuanto a los hebreos, ellos se consideran, hacen miles de años, en todas partes como en Italia, una raza diversa y superior a las otras y es notorio que, magüer la política tolerante del Régimen (fascista), los hebreos han constituido —con sus hombres y medios propios— el estado mayor del antifascismo.”

Por su parte, el Subsecretario para la Africa Italiana, General Teruzzi, en reportaje concedido a la “Azione Coloniale”, tratando el asunto desde un punto de vista puramente jurisdiccional, expresaba en síntesis que, “cada día debía de afirmarse más en los italianos la conciencia de su superioridad, sino de su supremacía, sobre los súbditos de color” y que la política indígena italiana tiende a orientarse en un justo medio, entre los dos extremos, que pueden considerarse constitutivos de la política colonial anglosajona y la francesa, de intransigencia y distanciamiento absoluto la primera y de exagerada asimilación la segunda.

Mientras tanto, ciertos órganos de la prensa —todos ellos, como es notorio, sujetos a la más estricta censura gubernativa— a la cabeza de los cuales, “Régimen Fascista” dirigido por Farinaci, recientemente nombrado Ministro sin cartera del Gobierno del Quirinal, aprovechando de la circunstancia que les ofrecía el asunto del día, la raza italiana, reanudaron sus ataques contra La Acción Católica, tildándola de universal y por ello de antitaliana, o mejor aún de antifascista. (Ese Ministerio, por informes anteriores de esta Embajada está enterado de las campañas del nombrado periodista contra La Acción Católica, antes, durante y después de la Conciliación.) Se aprovechaba así de una nueva ocasión para atacar a una de las instituciones más caras al Santo Padre, de la que es incesante y eminente animador.

El Sumo Pontífice no podía permanecer en silencio, aún cuando ya, en dos de sus recientes discursos, había manifestado su desacuerdo y reprobación con las campañas de carácter racista y de nacionalismo “a outrance”. La ocasión para hacerse escuchar se le brindó excepcionalmente oportuna, cuando el jueves 28, concedía audiencia a un grupo de 200 alumnos, de 37 nacionalidades, del Colegio Pontificio de la “Propaganda Fide”. Después de agradecer el homenaje y de exaltar la obra realizada por esa Congregación, que se encarga de llevar la doctrina y civilización de Cristo a los rincones más apartados de la tierra, habitados por las más diversas razas, entró de lleno en el asunto. Manifestó que, le había llegado una información según la cual, alguien había dicho, quizá con óptima intención que católico equivalía a universal. Que así era en efecto, como lo tenía él declarado repetidas veces. “Católico quiere decir universal, no racista, no nacionalista, en el sentido separatista de esos dos adjetivos” y también está en lo cierto quien afirma que La Acción Católica debe inspirarse en esos principios, lo que resulta incontrovertible porque acción católica quiere decir vida católica, como que La Acción Católica se identifica, en los hechos, con la vida católica, ya que dicha vida no tendría razón de ser sin acción. “Vida católica, quiere decir una actividad hecha de caridad, de virtud. No hay otro modo de pensar católicamente y no es éste por cierto un modo de pensar racista, nacionalista, separatista, en el sentido que expresa con suficiente claridad el último de estos vocablos. Separatismo no; no queremos nosotros separar nada de la familia humana, desde que interpretamos al racismo y nacionalismo exagerados, en el sentido que comúnmente se les viene asignando; casi como barreras elevadas entre hombres y hombres, naciones y naciones, pueblos y pueblos.”

Al aludir al eje mismo de la controversia agregó el Santo Padre que, algún otro había afirmado que, en consecuencia, existe una divergencia doctrinaria insanable entre La Acción Católica y el Partido Fascista. “Grandi parole ma sciocche parole” (Grandes pero tontas palabras), como si la acción católica fuera alguna cosa por sí misma y poseyese un credo o una doctrina propia. La Acción Católica está en la Iglesia Católica y fuera de ella no tiene razón de ser. Por ello La Acción Católica como la Iglesia, con la cual se identifica, son universales, porque esa universalidad está en la esencia misma de la iglesia católica, pero en esa universalidad hay desgraciadamente muchas cosas que parecen haber sido olvidadas; la idea de raza, de descendencia, de nación, de nacionalidad. “El mundo marcha muy mal, porque muchos no saben nada de los universales. Se olvida que el género humano es una sola, grande y universal raza humana.”

Aludiendo, evidentemente, a la probable relación o influencia del eje Roma-Berlín en la nueva orientación racista italiana, agregó: “Es de preguntarse, cómo jamás haya necesitado desgraciadamente Italia, ponerse a imitar a Alemania”.

Más adelante, agregaba el Pontífice, que resultaba una hipocresía pretender atacar a La Acción Católica, sin ofender a la Iglesia de Cristo, para terminar con esta serena pero enérgica advertencia. “Tened cuidado. Os recomiendo no golpear La Acción Católica, os lo recomiendo y os lo ruego por vuestro propio bien, porque quien golpea La Acción Católica golpea al Papa y quien golpea al Papa, muere”. Y recordando la frase de un apologista francés, agregó textualmente en dicho idioma: “Qui mange du Pape en meurt”.

El Sumo Pontífice terminó su alocución, haciendo notar la oportuna coincidencia de que, las palabras que acababa de pronunciar hubieran tenido como auditorio a un grupo de futuros misioneros, de 37 nacionalidades distintas pero todos hijos de la misma familia, de la misma madre, la Iglesia. “Propaganda Fide, es la verdadera y sana práctica de un racismo que corresponde a la dignidad y realidad humanas, porque la dignidad humana consiste en ser una sola y grande familia, el género humano, la raza humana.”

La alocución de Pio XI, como era de preverse, tuvo honda repercusión, no sólo en Italia, sino en el extranjero, especialmente en Alemania y Francia. Mientras la prensa alemana trató de denunciar “las exageradas pretensiones del catolicismo político, calificando al discurso de francamente agresivo, la prensa francesa, lejos de percibir alguna agresividad en las palabras del Santo Padre, dice que ellas ponen las cosas en el verdadero terreno, con serenidad apostólica. Se esperaba que la respuesta del Gobierno o de la prensa fascista fuera contundente. Pero ha resultado todo lo contrario. Mientras la prensa ha continuado hablando del asunto en un tono que acentúa un propósito puramente objetivo y biológico, Benito Mussolini, al despedirse en Forli de un grupo de “avanguardisti”, se redujo a declarar: “Sabed vosotros y sepa cada uno que, aún en la cuestión de la raza, “noi tireremo diritto” —empleando la misma frase que tanta resonancia tuviera cuando la guerra de Etiopía—” agregando, “decir que el Fascismo ha imitado a alguien o alguna cosa, es simplemente absurdo”.

Si con esta declaración, de aparente contundencia, el Duce conseguía satisfacer la opinión pública, manteniendo su prestigio, no es menos cierto que en ella se manifiesta el deseo de cerrar el debate y tranquilizar los ánimos. La respuesta de Mussolini sólo recoge una declaración que, aunque de importancia innegable, está lejos de constituir la parte medular de la alocución del Sumo Pontífice, quien se refirió principalmente al racismo exagerado como contrario a la Iglesia y por ende a La Acción Católica, advirtiendo que no toleraría que se le atacara o cercenara.

La alarma del Santo Padre es bien justificada, al advertir que la mancha de aceite del racismo hitleriano, anticristiano, después de cubrir a Austria comienza a invadir a Italia. Por más que se pretenda establecer la existencia de una relación íntima entre racismo y fascismo, no resulta menos evidente que el problema constituye un hecho nuevo, por no decir exótico, en la política italiana, hecho por demás sorprendente si se recuerda la gloriosa tradición romana, que lejos de separar por un misticismo de raza, se glorificó en conquistar para luego unir y asimilar a otros pueblos, de tres continentes.

Aun cuando aparentemente y por el momento, el debate está terminado, es bien probable que esta controversia tenga repercusiones ulteriores, de las que seguiré informando a V.E.

Pero antes de terminar, séame permitido citar, por considerarlas oportunas, las palabras sencillamente elocuentes de una joven escritora argentina, aparecidas recientemente: “Volvemos la mirada hacia Roma y los ojos del alma contemplan la venerable figura del Pontífice, cuya grandeza moral aumenta a medida que su fuerza física se abate, como queriendo estilizarse y demostrar, ante los ojos atónitos del Mundo, que su poder está precisamente en esa vitalidad espiritual que, sabiendo prescindir de la materia, se emancipa de ella y se eleva sobre las cúpulas romanas, abarcando con su mirada a todos los países de la tierra para unir a sus hijos en un estrecho abrazo de paz y de amor sobrenatural”.

Acompaño, anexos a la presente, un recorte del periódico “Osservatore Romano” del día 30 de Julio en que aparece transcripto el discurso de Su Santidad y otro del “Messaggero” del 31 de dicho mes, que transcribe la declaración del Jefe del Gobierno italiano.

En estos momentos, me llega la información de que el Gobierno del Quirinal prohibirá terminantemente, a partir del próximo año escolar, la inscripción en las escuelas italianas, de cualquier categoría o grado, de estudiantes hebreos extranjeros, aún cuando fueren ellos residentes de este país.

Fdo.: Carlos de Estrada

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Fuente :AMREC, D.P. Italia, 1938, Exp. 16, Nota No. 91, Roma, Embajada ante la Santa Sede, 29/08/38. (Se trascriben la nota y el informe adjunto)

[El 29 de agosto de 1938, Embajador Carlos de Estrada envía al Ministerio un informe reservado redactado por el Consejero de la Embajada Argentina ante la Santa Sede, Eduardo L. Vivot, que lleva por título "La campaña racista en Italia y su repercusión en la Santa Sede". El Embajador otorga su "más completa aprobación" al informe, calificando de "singular acierto" las observaciones de Vivot.[1](N. del C.)

R.E. - N° 91

Reservada

Roma, Agosto 29 de 1938

Señor Ministro:

Tengo el honor de acompañar un informe de carácter reservado del Consejero de esta Embajada, Dr. Eduardo Vivot, con el título “La Campaña Racista en Italia y su Repercusión en la Santa Sede”.

Dicho informe, que ha tenido mi más completa aprobación, contiene cuanto de principal se ha hecho y dicho con referencia a las iniciativas racistas producidas en Italia y la actitud asumida por el Soberano Pontífice con motivo de ellas.

El Doctor Vivot ha demostrado singular acierto, tanto en la forma de encarar el asunto, como en las sugestiones que hace, como al pasar. Creo, por consiguiente, que la lectura de ese trabajo, informará acabadamente, sin necesidad a otros elementos de publicidad, acerca de una cuestión que tiene en suspenso los espíritus de todos aquéllos que se preocupan de los grandes problemas actualmente planteados.

Fdo: Carlos de Estrada.

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Reservado

La caMpaña racista en Italia y su repercusión en la Santa Sede

Informe del Consejero Dr. Eduardo L. Vivot

La campaña iniciada recientemente, en forma ostensible, con lujo de publicidad, por el Gobierno y Partido fascistas, para la defensa de la raza, escaparía desde luego al radio de observación de esta Embajada, si ella no hubiera repercutido inmediatamente en la Santa Sede, produciendo una reacción que, transformándose en controversia, amenazó con degenerar en polémica, y crear un serio conflicto entre ambos Estados.

En consecuencia, será a este aspecto de la cuestión que, principalmente se referirá el presente informe. Pero, a fin de una mejor comprensión del asunto, séame permitido referirme, aunque más no sea someramente, a los antecedentes de esa campaña y a sus posibles causas probables y al objetivo que, al parecer se persigue.

El manifiesto de los docentes universitarios

Aparentemente, con el beneplácito del Ministerio de la Cultura Popular, pero en realidad por encargo expreso del Gobierno, un grupo de profesores de varias universidades italianas, redactó un manifiesto, que fue difundido por los periódicos del 14 de Julio ppdo., por el cual se determinaba en diez puntos o proposiciones, cuál era la posición exacta del “fascismo” frente al problema de la raza.

El manifiesto comienza con la afirmación de que las razas humanas existen, lo que lejos de ser una abstracción de nuestra mente es un fenómeno material, perceptible para nuestros sentidos (punto 1°), existiendo grandes y pequeñas razas (punto 2°) y que el concepto de raza que es puramente biológico no debe confundirse con los de pueblo o nación, de origen puramente histórico (punto 3°). Agrega luego que la población de la Italia actual es de origen y de civilización aria (punto 4°), siendo pura leyenda su asimilación de otras naciones, capaces de haber influenciado la fisonomía racial de la nación italiana (punto 5°) de manera que actualmente existe una raza italiana pura (punto 6°).

El punto 7° que comienza declarando que, “ha llegado el momento de que los italianos se proclamen francamente racistas”, contiene declaraciones o postulados de trascendencia, por lo que me voy a permitir reproducirlo textualmente: “Toda la obra hasta ahora realizada en Italia por el Régimen (fascista) no es en el fondo otra cosa que “rassismo”. Frecuentísimas han sido siempre en los discursos del Jefe (Mussolini) sus referencias al concepto de la raza. La cuestión racial en Italia debe ser considerada desde un punto de vista puramente biológico, sin intenciones filosóficas o religiosas. El concepto de la raza en Italia debe ser esencialmente italiano y su orientación ario-nórdica. Esto no quiere decir, sin embargo, introducir en Italia las teorías del racismo alemán en todo su alcance, o afirmar que italianos y escandinavos son la misma cosa. Pero pretende, en cambio, atribuir a los italianos un modelo físico y sobre todo psicológico de raza humana, que por sus caracteres puramente europeos se diferencia completamente de toda raza extra-europea, es decir, elevar al italiano a un ideal de superior conciencia de sí mismo y de mayor responsabilidad”.

Los puntos 8° y 9° del manifiesto, marcan los dos vértices o extremos de la política racista iniciada por Italia. El punto 8° se refiere a las razas de color, como consecuencia de la política colonial a realizarse en Africa, a raíz de la conquista de Etiopía; el 9° se refiere directa y exclusivamente al problema semita. Mientras el primero de los puntos que acabo de citar, muestra la necesidad de establecer una neta distinción entre mediterráneos de la Europa occidental, de una parte y orientales y africanos de la otra, el segundo afirma rotundamente que, los hebreos no pertenecen a la raza italiana, como que de “los semitas que en el curso de los siglos se establecieron en el sagrado suelo de nuestra Patria, nada en general ha quedado”... “Los hebreos representan la única población que no se ha asimilado nunca en Italia, porque ella está constituida por elementos raciales no-europeos, diversos en manera absoluta de los elementos que han dado origen a los italianos.” Entre los dos párrafos que acabo de transcribir, se inserta otro, como al pasar, pero que merece especial atención, dice así: “Tampoco la ocupación árabe de la Sicilia ha dejado nada, fuera del recuerdo de algún nombre y, por otra parte, el proceso de asimilación en Italia, fue siempre rapidísimo”.

Termina el manifiesto con su punto 10°, afirmando que, “los caracteres físicos y psicológicos, puramente europeos, de los italianos no deben ser alterados de ningún modo”. Sólo admite la unión y asimilación entre razas europeas, ya que entre ellas no puede hablarse de verdadero hibridismo, desde que estas razas pertenecen a un grupo común, diferenciándose sólo por algunas características, mientras son iguales por muchas otras. Juzga que, las características puramente europeas de los italianos, sólo pueden alterarse por el cruce con cualquier otra raza extra-europea portadora de una civilización diversa de la milenaria civilización aria. (Ver Apéndice I, texto completo, traducido, del manifiesto).

La prensa italiana de la fecha en que apareció el manifiesto y días subsiguientes, lo comentó desde un punto de vista puramente objetivo y científico. Si cierta prensa extranjera, principalmente francesa de izquierda, manifestó alguna alarma, los periódicos locales la desvirtuaron, reafirmando la orientación puramente antropológica y etnográfica del problema y hasta se llegó a recordar la declaración oficiosa de “Información Diplomática” que, en su número 14 del 16 de Febrero ppdo., decía: “Recientes polémicas periodísticas han podido suscitar en algunos ambientes extranjeros, la impresión de que el Gobierno fascista está en vísperas de inaugurar una política antisemita. En los círculos responsables romanos se está en condiciones de informar que, tal impresión es completamente errónea y se considera dicha polémica como producto, sobre todo, del hecho de que normalmente la corriente del antifascismo mundial tiene jefes y elementos hebreos. En otros países, los hebreos se cuentan por millones, mientras en Italia, sobre una población que alcanza ahora a 44 millones de habitantes, la población hebrea oscila entre 50 o 60 mil. El Gobierno fascista no ha pensado nunca, ni piensa, adoptar medidas políticas, económicas y morales contrarias a los hebreos como tales, exceptuando bien entendido que se trate de elementos hostiles al Régimen. Las leyes que regulan y gobiernan la vida de la comunidad hebrea han dado buen resultado y continuarán inalterables. El Gobierno fascista se reserva, sin embargo, vigilar las actividades de los hebreos llegados recientemente a nuestro país y hacer de modo que la proporción de ellos en el conjunto de la vida nacional, no resulte en discordancia con los méritos intrínsecos de cada uno y con la importancia de la comunidad israelita”.

Creo oportuno hacer notar que, si bien dicha declaración produjo en general buen efecto, no sólo en Italia sino también en el extranjero, para algunos espíritus más sagaces significó una seria advertencia dirigida tanto a la comunidad hebrea radicada en Italia, como a los semitas que continuaban entrando al país, ya que la declaración aparecía sin que comentarios recientes la hubieran provocado y no se podía suponer que el Gobierno italiano la hubiera formulado con el prurito exclusivo de curarse en salud. Mientras se afirmaba, rotundamente, que era “completamente erróneo” suponer que, se “estuviera en vísperas de inaugurar una política antisemita, se exceptuaba expresamente a los “elementos hostiles al Régimen” y se reservaba, también expresamente, el derecho de “vigilar la actividad de los hebreos llegados recientemente” al país, cuidando que su proporción “no resulte en discordancia con los méritos intrínsecos de cada uno y con la importancia de la comunidad israelita”, lo que significa no sólo el contralor sino la facultad de prohibir su inmigración, llegado el caso”.

Pero, a pesar de percibirse en la declaración de Febrero 16, la intención de una seria advertencia, la opinión general italiana, incluidos los ambientes hebreos y aun la extranjera, creyó sinceramente que el Régimen fascista deseaba evitar toda campaña o política antisemita y de carácter racista, en general. Así lo probaron los comentarios casi unánimes de la prensa italiana y extranjera.

En cuanto al grado de sinceridad conque dicha declaración fuera formulada por la agencia oficial de publicidad fascista, las opiniones están ahora divididas. Mientras algunos piensan que la declaración fue hecha entonces con perfecta sinceridad y que, el cambio de táctica, ha sido provocado por hechos o circunstancias posteriores, otros creen que fue ella el primer paso de una política deliberada, que no convenía en aquellos momentos concretar en forma ostensible.

Sea como se quiera, no fue menos grande la sorpresa y el revuelo causados en Italia y sobre todo en el extranjero, cuando la campaña abiertamente racista y antisemita fue iniciada con la publicación del manifiesto de los docentes universitarios, a que me he referido más arriba. Sin embargo, como antes he dicho, la prensa italiana y aun las esferas oficiales querían mantener el asunto dentro de un terreno puramente objetivo y científico. Ello, a pesar del texto del “Foglio di disposizioni” del Partido Fascista del 15 de Julio que decía: “Reclamo la atención de los Secretarios Federales (se refiere no a los Ministros de Estado, sino a los secretarios de las distintas secciones federales en que está dividido el Partido en Italia) sobre las conclusiones a que han llegado un grupo de hombres de estudio fascistas, docentes de las universidades italianas, acerca de la posición del fascismo ante el problema de las razas humanas”. A esta manifestación se agregó el decreto de fecha 17 de Julio, por el que se transformaba la oficina Demográfica Central del Ministerio del Interior, en “Dirección General para la Demografía y la Raza”, en cuyos considerandos se decía que, en materia de natalidad, era necesario cuidar que la cantidad no perjudique la calidad.

Si ya se percibía claramente el propósito del Gobierno de Mussolini de incorporar al programa del Régimen fascista el problema de la raza italiana, aún se le mantenía dentro de un marco antropológico y etnográfico, sin dársele una significación política.

El racismo como factor de acción política italiana

Pero bien pronto el Gobierno fascista resolvió variar de conducta frente al problema de la raza y lo hizo en la forma espectacular que es su costumbre, cada vez que juzga necesario dar marcada repercusión a un asunto.

En la mañana del día 25 el Secretario General del Partido Fascista, Ministro Achille Starace, reunía en su despacho a los profesores que habían redactado el manifiesto racista y a otros de las docencias de las principales universidades italianas y después de recordarles que, el Partido Fascista desde su iniciación en el Gobierno, había venido realizando una política racista, consistente en un mejoramiento cuantitativo al par que cualitativo de la raza italiana les manifestaba franca y abiertamente que, si a esa acción había seguido la formulación doctrinaria, a esta última no debía de atribuírsele un sentido puramente académico, sino “determinante de una ulterior y precisa acción política”, la que concretó en las dos siguientes declaraciones, que a mi entender, concretan y puntualizan los dos vértices de la campaña racista en Italia, a que me referí anteriormente:

I - (Problema colonial) “Con la creación del Imperio la raza italiana ha entrado en contacto con otras razas y debe por ello prevenirse de todo hibridismo o contaminación. En tal sentido, ya se han elaborado y aplicado leyes de carácter racista, en todo el territorio del Imperio”.

II - (Problema semita) “En cuanto a los hebreos, ellos se consideran, desde milenios, en todas partes como en Italia, una raza diversa y superior a las otras y es notorio que, magüer la política tolerante del Régimen (fascista) los hebreos han constituido —con sus hombres y medios propios— el estado mayor del antifacismo en el mundo”.

Estas dos declaraciones definen dos puntos de vista o si se quiere dos causas, bien distintas, pero que ambas sirven de base, por lo menos aparentemente, a la campaña de carácter racista que, abiertamente y no ya con objetivos académicos o científicos, sino francamente políticos, iniciaba el Gobierno italiano.

Por ello considero que, para una más clara exposición de los hechos, es conveniente dividir este estudio en dos partes, la primera que llamaré “Política colonial racista” y la segunda, “Política antisemita”. Cabe recordar que, los profesores universitarios, en su manifiesto, ya habían marcado esta distinción como problemas separados a resolver, en los puntos 8° y 9° refiriéndose el primero a las razas de color y el segundo concretamente a la raza semita. Pero es conveniente también recordar que, asimismo declaraban “la cuestión racial en Italia debe ser considerada desde un punto de vista puramente biológico, sin intenciones filosóficas o religiosas” sin “introducir en Italia las teorías del racismo alemán” agregando que su propósito final es “elevar al italiano a un ideal de superior conciencia de sí mismo y de mayor responsabilidad”. Hasta donde el Gobierno italiano ha sido consecuente con los “diez mandamientos” de los docentes universitarios, trataremos de mostrarlo en el curso de esta exposición.

A la profesión de fe del racismo político, formulada por el Secretario General del Partido Fascista, siguieron varias resoluciones, consecuencias de la misma, que son dignas de mención, aparte del entredicho con la Santa Sede, del que me ocuparé más adelante.

El 1° de Agosto, el N° 1.125 del “Foglio di Disposizioni” del Partido Fascista, resolvía que, las secciones política, colonial y científica de la Oficina Cultural de los Grupos Universitarios Fascistas, dediquen su actividad, especialmente, al estudio del problema de la raza. Notaré que, la recomendación no sólo va dirigida a la sección científica, sino también a la política y a la colonial, lo que es bien sintomático.

Tres días más tarde (4 agosto) aparece una resolución del Ministerio de la Educación, prohibiendo terminantemente, a partir del próximo año escolar, que comenzará a mediados de Octubre, la inscripción en las escuelas italianas, de cualquier categoría o grado, de estudiantes hebreos extranjeros, aun cuando fueran ellos ya residentes en el país.

El día 5, el Gobierno por intermedio de su órgano oficial informativo da la siguiente comunicación: “Información Diplomática N° 18 - En los ambientes responsables romanos se hace notar que, muchas de las impresiones y deducciones extranjeras sobre racismo italiano, son dictadas por un conocimiento superficial del problema y en algunos casos, por evidente mala fe.

En realidad, el, racismo italiano data del 1919, como se puede documentar. Mussolini en el discurso del Congreso del Partido celebrado en Roma en Noviembre de 1921, repitamos 1921, declaró explícitamente: “Quiero decir que el Fascismo se preocupa del problema de la raza. Los fascistas deben preocuparse de la salud de la raza, con la cual se hace la historia”.

Si el problema se ha mantenido, por algunos años, en estado latente, ello ha sido porque otros problemas urgían y debían ser resueltos. Pero la conquista del Imperio ha puesto en primer plano a los problemas llamados completivamente raciales, cuyo conocimiento ha tenido dramáticas y sangrientas repercusiones, sobre las cuales no es este el momento de particularizar.

Otros pueblos mandan a las tierras de sus Imperios pocos y elegidos funcionarios; nosotros mandaremos a Libia y a la Africa Oriental Italiana, con el andar del tiempo y por absoluta necesidad de vida, millones de hombres.

Para evitar la catastrófica plaga de la mestización, esto es, la creación de una raza bastarda, ni europea ni africana, que fomentaría la desintegración y la revuelta, no bastan las leyes severas promulgadas y aplicadas por el fascismo: es necesario además un fuerte sentimiento, un fuerte orgullo, una clara omnipresente conciencia de raza.

Discriminar no significa perseguir. Esto va dirigido a los muchos hebreos de Italia y de otros países, los cuales lanzan al cielo inútiles lamentaciones, pasando con la misma rapidez de la invasión y de la soberbia, al abatimiento y al pánico insensato.

Como fue dicho claramente en la nota N° 14 de la “Información Diplomática” y como se repite ahora, el Gobierno fascista no tiene ningún plan especial persecutorio contra los hebreos, en cuanto tales.

Se trata de otra cosa. Los hebreos en Italia, en el territorio metropolitano, son 44 mil según los datos estadísticos hebraicos, que deberán sin embargo, ser revisados por un próximo censo especial. La proporción sería, en consecuencia, de un hebreo por mil italianos. Claro está que, en adelante, la participación de los hebreos en la vida global del Estado deberá ser y será adecuada a esa proporción.

Nadie se permitirá discutirle al Estado fascista este derecho y menos que nadie, los hebreos, los cuales han sido siempre en todas partes, los apóstoles del más integral, intransigente, feroz y, desde cierto punto de vista, admirable racismo; se han considerado siempre como pertenecientes a otra sangre, a otra raza, se han proclamado “pueblo elegido” y han dado siempre pruebas de su solidaridad racial por sobre todas las fronteras.

No es nuestro deseo hablar aquí de la ecuación, históricamente confirmada, en estos últimos veinte años de vida europea, entre hebraísmo, bolcheviquismo y masonería.

En consecuencia, no cabe la menor duda de que, el ambiente está preparado para un racismo italiano y menos aún se puede dudar de que el mismo no se transforme, a través de la acción coordinada y resuelta de todos los órganos de nuestro Estado, en elemento de seguridad para nuestro Imperio”.

Si se comparan los comunicados de febrero 16 y de Agosto 5 de “nformación Diplomática”, se advierte que ellas se complementan o más bien dicho, la segunda reafirma los conceptos de la primera, precisándolos y dándoles más fuerza y claridad, en el sentido de una conducta política activa y continua, a seguirse en el futuro. Pero, observemos que el primero de los documentos, se refiere solo al problema semita, mientras el segundo alude a los dos puntos culminantes de la campaña, a saber; la política racista colonial que debe adoptarse en las posesiones africanas y el contralor de la demografía y actividad de los hebreos en Italia.

El día 6 de Agosto, se da a la publicidad una nueva revista quincenal titulada “La Difessa della Razza”, que ya había sido anunciada, con bombos y platillos, por toda la prensa diaria. Hasta la fecha, han aparecido dos números, que llevan en sus frontispicios respectivos estas dos citas del Dante: “Sempre la confusion delle persone, principio fu del mal della cittade” (Paradiso Canto XVI) y “Uomini siate, e non pecore matte, si ch’l Giudeo di voi tra voi non rida!” (Paradiso Canco V). Esta revista, dirigida por Telesio Interlandi, Director también de “Il Tevere”, diario ultrafascista, trae entre su copioso y en parte interesante material, artículos franca y casi fanáticamente antisemitas, pero su objeto principal es, evidentemente, el de crear un verdadero misticismo racial en el pueblo italiano.

El 12 del corriente mes, el Secretario General del Partido Fascista publica una declaración en la que se establecen las directivas a seguirse en los estudios encomendados al Instituto Nacional de Cultura Fascista. Son los siguientes:

1 - Individualización de los caracteres típicos y permanentes de la raza italiana, de Roma, y de hoy.

2 - Planteamiento, continuidad y desarrollo de la acción del Régimen en defensa de la raza. Dispositivo e instituciones para la tutela y mejoramiento de la salud física y moral del pueblo italiano (política demográfica, obras de maternidad e infancia, previsión y asistencia social, higiene del trabajo, educación integral de la juventud, etc.).

3 - Nuevos efectos y nueva importancia del problema de la raza, después de la conquista del Imperio, la cual ha impuesto la tutela de la unidad y pureza de la raza italiana, como condición de nuestra supervivencia colonizadora. 

4 - La conciencia del problema de la raza, en función de la autarquía espiritual de la nación.

5 - El problema hebraico en el mundo y en Italia.

Tanto en las citas de Dante, que decoran las tapas de la revista la Difessa della Razza, como en las bases para el estudio del problema, que acabo de transcribir (puntos 3 y 5) se persiste en delimitar los objetivos culminantes de la campaña; el problema colonial y el semita, mientras que en el punto 4°, se plantea el de la autarquía espiritual, es decir, el misticismo racista que parecería se quiere llegar a crear.

Los órganos de la prensa, han continuado dedicando páginas enteras a la campaña y en sus artículos, ya defendiéndola, justificándola o analizándola, ya comparándola con las manifestaciones más o menos racistas de otros países o reproduciendo comentarios de la prensa extranjera, también se advierte la diferencia que se establece entre la política colonial y la semita, aunque se percibe un énfasis, por no decir apasionamiento mayor, en los que tratan del segundo problema.

Política colonial racista -

El comunicado de febrero 16, de Información Diplomática, primera manifestación pública de carácter racista en Italia, no traía, como hemos visto, ni una palabra relativa a este importante aspecto del asunto y sólo se refería a la probable campaña antisemita, para desmentirla. Pero, en el manifiesto de los profesores universitarios, de Julio 14, los puntos 8° y 10° aluden a él, aunque objetivamente.

Recién en el discurso del Ministro Starace hay un párrafo en que se afronta esta faz del problema, franca y abiertamente, cuando dice: “Con la creación del Imperio, la raza italiana ha entrado en contacto con otras razas y debe por ello prevenirse de todo hibridismo y contaminación. En tal sentido, ya se han elaborado y aplicado leyes de carácter racista, en todo el territorio del Imperio”.

Acabamos de ver que, tanto los comunicados oficiales como las informaciones y artículos de la prensa, posteriores a la declaración de Starace, también se han ocupado de este aspecto del asunto.

Por su parte, el Subsecretario de Estado para la Africa Oriental Italiana, General Atilio Teruzzi, (Mussolini se ha reservado con otras esta cartera) en un reportaje concedido al periódico “Azione Coloniale”, define la política colonial a seguirse por Italia, en materia de racismo, en los siguientes términos: “Debe afirmarse cada día más en la conciencia de los italianos su superioridad sino su supremacía sobre los súbditos de color. La orientación de nuestra política indígena, tiende netamente a elegir el justo camino, entre los extremos que, pueden considerarse, constitutivos, de la política anglosajona del “color-line”, considerada como intransigente, absoluta y distante y a veces ofensiva, para gente de color de un lado y del otro, de la política desenfrenadamente asimilatriz practicada por Francia, destructora de toda jerarquía de valores de raza y de civilización. El equilibrio está representado por nuestra política, inspirada en la tradición de la gran moderadora que fue Roma. Con los funcionarios, con los técnicos agrícolas, con los médicos, en resumen, con todos los operarios de todo aquello que, en los diversos estados del Imperio, personifican nuestra cultura, vamos nosotros construyendo en la mentalidad de los indígenas, después del concepto de nuestra fuerza por las armas de los soldados, el concepto de nuestra humanidad, de nuestra moral, de nuestra supremacía civil”.

Pocos días más tarde, el profesor Nicola Pende, reputado médico e ideólogo eminente de fama mundial, en un artículo que lleva su firma, aparecido en “Il Corriere della Sera” de Milán, al referirse al aspecto colonial del problema, decía entre otras cosas: “...Son de fácil explicación los motivos de defensa que desde hoy se imponen con la adopción de medidas tendientes a evitar mezcolanzas de nuestra sangre con la de los indígenas del Imperio. Pero no menos interesante es a mi modo de ver, otra defensa; aquella contra el peligro de que se eduque, con métodos excesivamente idealistas, de esa excesiva idealidad de que, por cierto, pecamos los italianos. Bondad y humanidad, pero que no sean debilidad; escuelas, hospitales, recreatorios, todo está bien, pero “sit modus in rebus” y sobre todo, no olvidarse de las seculares enseñanzas de Roma, en su forma de colonizar a los bárbaros y de la experiencia de pueblos colonizadores más viejos que nosotros”.

Es innegable que el problema de orden racista que se le ha presentado al Gobierno italiano con sus nuevas conquistas en Africa, es de capital importancia. Pero así lo entendió desde el primer momento el Gobierno fascista y ya dictó las medidas que creyó oportunas para tratar de resolverlo. Lo que sorprende es que, recién ahora y con gran extrañeza de todos, incluido el propio pueblo italiano, se haya resuelto dar publicidad ostentatoria a un asunto que, por lo menos en su aspecto colonial, parecería fuese preferible llevarlo adelante discretamente, calladamente, como lo hicieron y siguen haciendo otros países, en primera línea, Gran Bretaña. ¿No será esta cuestión colonial una mera cortina de humo, con la que se ha querido disimular la campaña antisemita?, a no ser que el   propósito central de la campaña sea el de crear un misticismo racial —como decía antes— o una “autarquía espiritual” como han dado aquí en llamarla.

Si examinamos las estadísticas, se comprueba la gravedad del problema. Según el “Annuario Statistico Italiano”, 1938, cuarta serie, la población de las colonias italianas de Africa se descompone así:

Eritrea  -            total de habitantes            600.573          -            indígenas            593.013

Somalia            -            ”            ”            ”            1.021.572        -            ”            1.019.904

Libia    -            ”            ”            ”            839.524          -            ”            772.999

Egeo    -            ”            ”            ”            117.787          -            ”            105.939

Etiopía -            ”            ”            ”            5.300.000        -            ”            5.180.000

Pero aún así, no se justifica la excesiva exteriorización de la campaña, si ella no obedece a otros motivos.

Adviértase que, el comunicado de “Información Diplomática” de Agosto 5, decía: “Si el problema se ha mantenido, por algunos años, en estado latente, ello ha sido porque otros problemas urgían y debían ser resueltos”, como queriendo justificar esa demora o más bien dicho ese silencio, esa discreción, ya que el Secretario Starace en su discurso declaró que, ya se habían “elaborado y aplicado leyes racistas, en todo el territorio del Imperio”, mientras el primer comunicado oficial (febrero 16) ya ha bien informado que, “Las leyes que regulan y gobiernan la vida de la comunidad hebrea, han dado buen resultado y continuarán inalterables”.

De manera que, el problema de la raza en Italia, en sus dos aspectos principales, no sólo había sido advertido y estudiado a fondo por el Régimen fascista sino que había sido también legislado y esas leyes habiendo dado resultado positivo, se mantendrían inalterables, por lo menos en lo que al aspecto semita de la cuestión, se refiere.

Pero, otro párrafo del segundo comunicado de “Información Diplomática” parecería darnos la verdadera clave del cambio de táctica del Gobierno, cuando dice (refiriéndose al problema colonial africano): “No bastan las leyes severas, promulgadas y aplicadas por el fascismo, es necesario además un fuerte sentimiento, un fuerte orgullo, una clara omnipresente conciencia de raza. Esto es; el misticismo racial, como parte integrante de la “autarquía espiritual”, que se quiere crear en el alma italiana, paralelamente a la económica, ya implantada por Mussolini.

 

Política antisemita

Ya hemos visto que, el comunicado de Información Diplomática, de febrero 16, sin ocuparse del problema colonial, se refería exclusivamente a los hebreos, aunque teniendo por objeto desvirtuar el rumor de que se intentaba iniciar una campaña de carácter antisemita, pero que también se hacían consideraciones que implicaban una clara y seria advertencia a los ambientes hebreos de Italia y del extranjero. Puede decirse entonces, que, es éste el punto de partida de la política antisemita italiana, aún cuando todavía conservara un carácter atenuado, como lo prueba otro párrafo del mismo comunicado, que agregaba: “Del hecho de que, hayan hebreos en Italia, no es consecuencia necesaria que exista un problema hebreo específicamente italiano”.

La campaña se afirma en el manifiesto de los docentes universitarios (Julio 14) cuando en el punto 9° declaran abiertamente: “los hebreos no pertenecen a la raza italiana”, agregando que los grupos semitas, de antiguo establecidos en la península, han dejado muy pocos rastros, pues, los hebreos constituyen el único grupo racial que nunca se asimiló a los italianos, por estar constituido por elementos raciales no europeos. Pero con todo, todavía se mantiene el asunto dentro de un marco objetivo y científico, que no causa mayor alarma, ni aun entre el elemento hebreo italiano.

Recién con el discurso del Secretario Starace (Julio 25) se descorre el telón violentamente, cuando después de declarar en forma rotunda que, el problema de la raza no debe permanecer en un terreno puramente académico, como que está destinado a determinar una “ulterior y precisa acción política”, reafirma el concepto de que los hebreos se consideran ellos mismos de una raza diferente y superior a las otras y añade que, “constituyen —con sus hombres y sus medios— el estado mayor del antifascismo en el mundo”. Esta última declaración, es bien elocuente, dado su tono inequívocamente político.

Como a una voz de orden, la prensa de todo el país, que hasta ahora se había mantenido dentro de un terreno objetivo, comienza una campaña francamente antihebraica y empiezan a conocerse ciertas medidas de gobierno, que si bien se toman con la mayor discreción, no tardan en trascender al público. A las renuncias del Podestà de Trieste, ex Diputado Olivetti, hombre hasta entonces muy influyente del fascismo, del Presidente del Consorcio Algodonero y de otros de menos rango, se añaden órdenes más o menos subterráneas que llegan, desde la prohibición de asistir al baile ofrecido por un hebreo norteamericano millonario, casado con una condesa romana y vinculado a las más altas esferas aristocráticas de Italia (por deserción de los invitados, la fiesta fue suspendida) hasta la consigna dada a los directores de los hoteles de primera clase, de negar alojamiento a los hebreos extranjeros que lo solicitaran. También han sido y parecen seguir siendo numerosos, los casos de retiro de sus carnets a los miembros del Partido Fascista y otras asociaciones afines, que resultan ser de sangre hebrea.

Asimismo, se ha notado la repercusión de la campaña antisemita en las Embajadas y Consulados extranjeros, especialmente de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Suiza, donde acudieron alarmados numerosos israelitas, consultando las posibilidades de emigrar del país. Se teme asimismo que, el capital hebreo pueda ser objeto de una tasa impositiva especial, temor que aumenta con la dificultad, por no decir imposibilidad, de exportar dichos capitales, ya que ello no es posible dentro de las leyes vigentes al respecto.

Si consideramos el problema hebreo en Italia desde el punto de vista demográfico, parecería evidente que el mismo no ofrece ninguna gravedad. Según el “Annuario Statistico italiano”, 1938, IV serie, el censo del mes de Abril de 1936, dio un total de 42.444.588 habitantes en toda la península e islas adyacentes, con 108.597 extranjeros de diversas nacionalidades.

En cuanto a los hebreos, las cifras que se conocían sólo eran aproximadas. Mientras el comunicado de Información Diplomática de Febrero 16 dice que los hebreos radicados en Italia, oscilan entre 50 y 60 mil, el segundo comunicado oficial, de Agosto 5, dice que, según los datos estadísticos hebraicos, son sólo 44 mil es decir; algo más del 1‰ de la población total de Italia. Esta última cifra ha resultado más próxima a la realidad, pues, las cifras globales —aún no revisadas— del censo especial de hebreos que acaba de realizar el Gobierno, arrojan un total de 47.825, de los cuales 24.251 mujeres y 23.574 hombres.

Si estas cifras, que demuestran un porcentaje tan pequeño de hebreos con respecto a la población total de Italia, parecería justificar que, no existe “un problema hebreo específicamente italiano”, la causa de esta súbita alarma podríamos encontrarla en un párrafo del artículo editorial aparecido en “Il Messaggero”de Agosto 6, cuando dice, “el antisemitismo nace y se difunde allí donde los israelitas ocupan posiciones, cargos, funciones y oficios, especialmente en los órganos del Estado, en número desproporcionado a su efectiva consistencia numérica”. Esto concuerda perfectamente con otro párrafo del comunicado oficial de Agosto 5: “Claro está que, de ahora en adelante, la participación de los hebreos en la vida global del Estado, deberá ser y será adecuada a esa proporción” (1 ‰) y añade, “nadie se permitirá discutirle al Estado fascista este derecho y menos que nadie, los hebreos...”.

Por otra parte, en las distintas declaraciones y comunicados oficiales a que hemos hecho referencia, se encuentran conceptos como los siguientes: “el Gobierno no ha pensado nunca, ni piensa, adoptar medidas... contrarias a los hebreos como tales, exceptuando bien entendido, que se trate de elementos hostiles al régimen... Los hebreos han constituido —con sus hombres y sus medios propios— el estado mayor del antifascismo en el mundo... No es nuestro deseo hablar aquí de la ecuación, históricamente confirmada, en los últimos veinte años de vida europea, entre hebraísmo, bolcheviquismo y masonería”. Sólo he citado las afirmaciones oficiales, sin mencionar los argumentos que, en el mismo sentido, aparecen diariamente, llenando las primeras páginas de los periódicos. El “Corriere della Sera” de la fecha, trae en su primera página varios artículos con los siguientes títulos “La política della razza andrà fino in fondo”, “Come si cenciscono le religioni e le razze”, “Movimiento antisemita in Svezia”, “Razzismo argentino — y permessi di inmigrazione temporaneamente sospesi”. El propósito perseguido aparece así evidente; se les permitirá a los hebreos convivir con el pueblo italiano, mientras no traten de preponderar, de encaramarse y sobre todo, mientras no se manifiesten “hostiles al régimen” es decir, mientras se mantengan sumisos.

Nada más elocuente a este respecto que las palabras pronunciadas por Mussolini en Forli, “También en la cuestión de la raza ‘noi tireremo diritto’, es decir, seguiremos adelante”.

Por su parte, “Il Messaggero” en el mismo artículo antes citado dice: “en los últimos días se ha hablado mucho en el extranjero de las condiciones que se les prepara a los hebreos en Italia y no han faltado naturalmente los alarmistas y los anuncios catastróficos, con propósitos polémicos evidentemente antifascistas... Resulta inevitable, por propia lógica y por la consistencia misma del sistema, que cuando un Estado se propone el problema de la raza, se plantee también el problema israelita. Problema delicado, también para el fascismo, pero que en este terreno como en todos los otros, a la postre, resulta original y procede por caminos absolutamente autónomos y propios”.

En síntesis, el régimen ha sido iniciado y llevará adelante un estricto contralor de las actividades israelitas, como parte capital de su campaña por la defensa de la raza, empleando los métodos característicos del fascismo.

El misticismo racial como parte integrante de la autarquía espiritual

Si bien es cierto que el fascismo, debido a la crisis o depresión económica mundial y a otras causas, que no es el momento de mencionar, echó mano de procedimientos autárquicos en el campo económico-financiero, no lo es menos que, el concepto de “autarquía espiritual” resulta una novedad que ha surgido recientemente, con el propósito de llegar a una solución autárquica, integral, italiana.

Si recorremos nuevamente los comunicados y declaraciones oficiales, ya mencionados, veremos como aparece de ellos, gradualmente, el deseo de crear un verdadero misticismo racial, que encuadra perfectamente dentro del afán de construir una autarquía espiritual, paralela a la económica, propósito de orden puramente psicológico, destinado quizás a mantener acelerado, o a acelerar más aún el pulso de este pueblo, que Mussolini ha conseguido hacer vivir en estado febriciente.

La primera de estas manifestaciones la encontramos en el último párrafo del punto 5° del manifiesto de los profesores universitarios, cuando dice? “De esto se deriva que, mientras para otras naciones europeas la composición racial resulta variada notablemente en tiempos relativamente modernos, para Italia, en sus grandes líneas, la composición racial de hoy es la misma que aquella de hace mil años; los 44 millones de italianos de hoy remontan así, en su mayoría absoluta, a las familias que habitaban Italia hace un milenio”. El punto 6°, que comienza con el enunciado, "Existe pues una pura raza italiana", termina con esta sentencia, “esta antigua pureza de sangre es el más grande de los títulos de nobleza de la nación italiana” Como si esto no bastara, el punto 7°, que lleva por acápite: “es tiempo de que los italianos se proclamen francamente racistas”, termina así: “atribuir a los italianos un modelo físico y sobre todo psicológico de raza humana que, por sus caracteres puramente europeos, se distinga completamente de toda otra raza extra europea, esto quiere decir; elevar al italiano a un ideal de superior conciencia de sí mismo y de mayor responsabilidad”.

Por su parte, como ya hemos visto, la comunicación oficial de Agosto 5 contiene este párrafo: “No bastan las leyes severas, promulgadas y aplicadas por el fascismo; es necesario además un fuerte sentimiento, un fuerte orgullo, una clara omnipresente conciencia de raza”. Está aquí perfectamente incorporado al programa a seguirse, un indiscutible misticismo racial.

Con respecto al propósito de incorporar dicho sentimiento o conciencia de raza —después de haberlo llevado a extremos que me he atrevido a calificar de místicos— a la susodicha “autarquía espiritual fascista”, el último párrafo del comunicado oficial de la referencia, es por demás elocuente:

            “En consecuencia, no cabe la menor duda de que, el ambiente está preparado para un racismo italiano y menos aún se puede dudar de que, el mismo no se transforme, al través de la acción coordinada y resuelta de todos los órganos de nuestro Estado, un elemento de seguridad para nuestro Imperio”.

Pero si como esa declaración no bastara para determinar claramente el propósito perseguido, en las bases o temas de estudio asignadas por el Secretario Starace a los alumnos del Instituto Nacional de Cultura Fascista, antes transcripto, se incluye el siguiente:

“4° - La conciencia del problema de la raza en función de la autarquía espiritual de la nación”.

En la Feria del Levante, a inaugurarse en el próximo mes de Septiembre en Bari, habrá un pabellón destinado a exponer los elementos conque se cuenta llevar adelante la defensa de la raza en Italia, como parte integrante del programa de autarquía espiritual.

Si tan claramente hablan los comunicados, declaraciones y medidas oficiales, no menos palmarios resultan los comentarios y artículos de la prensa. Permítaseme transcribir sólo los más vehementes:

“El racismo italiano debe de ser patrimonio espiritual de nuestro pueblo, base fundamental de nuestro Estado, elemento de seguridad para nuestro Imperio. Son éstos los principios fundamentales en los cuales se compendian, el espíritu y finalidad práctica del racismo italiano. Son éstas las directivas de la cruzada emprendida por la Italia imperial, para resolver el problema de la raza, en su propio territorio y en sus dominios de ultramar” (“Corriere della Sera” de Milán, Agosto 6.)

“Uno de los aspectos más originales de esta política sanamente racista, es el nexo indestructible que el fascismo ha establecido con la educación. Sería verdaderamente inútil, sería abandonarse a un franco y verdadero despilfarro de energías y recursos de todo género, si esta política social no encontrase su complemento en el terreno moral. De aquí, la educación fascista, la preparación espiritual de la juventud, la formación de nuevas generaciones, educadas en un ambiente de verdad y de deber, de autoridad y de responsabilidad, en un todo conforme a la concepción musoliniana de la vida.”

Por su parte, el eminente profesor y senador Nicola Pende, que antes he citado —pero olvidándome de mencionar que fue uno de los redactores del manifiesto de los universitarios— en el artículo anteriormente referido, hace algunas observaciones muy interesantes; dice:

“La defensa del prestigio de la pura progenie de Roma, del tipo romano-itálico, biológico-espiritual, que de la época de Roma madre, unificadora y amalgamadora perfecta de valores étnicos, se conserva en Italia, a pesar de las amenazas durante siglos de tentativas varias de mezcolanza de sangre con gentes extra italianos, venidos del norte, del oriente y del sud, gentes que fueron siempre absorbidas, sin dejar rastros perceptibles de su sangre en los itálicos unificados de Roma, he aquí el programa legítimo que el régimen fascista se propone actualizar por vías directas y maestras. ¿Quién, grande o humilde ciudadano de Italia, que lleve en sus venas gérmenes de robustez corpórea, de justicia y de inteligencia consciente de Roma, podrá discutir al pueblo musoliniano el derecho de defender este patrimonio sagrado de valores étnicos?”

El Doctor Guido Landra, profesor de antropología de la Universidad de Roma, en un artículo aparecido en la revista La Difesa del la Razza, dice entre otras cosas:

“Pero, el racismo italiano no puede limitarse a una simple actitud de defensa, en realidad y sobre todo se propone, como lógica consecuencia y evolución de toda la política seguida hasta ahora por el régimen, se propone sobre todo dirigir cada vez mas a los italianos, hacia eternos ideales de raza... Nuestro movimiento actual, aparece así como una consecuencia de aquella gran batalla que, desde hace tiempo se combate en Italia contra la crisis de valores espirituales de la Europa democrática hebraizada. Un aspecto particular de esta crisis, es la grave enfermedad dominante en nuestros países de Europa, que es la pérdida de la conciencia del vínculo entre hombre y hombre de una misma raza... Es hacia este ideal que serán robustecidas más y más nuestras antiguas virtudes”.

Resumiendo como el ambiente se consideró preparado, se resolvió crear un verdadero misticismo de raza, para incorporarlo al programa de autarquía espiritual, que conjuntamente con la económica, formará la autarquía integral, que servirá de coraza a la Italia fascista e imperialista. Estos métodos buscan constituir un depurativo para el problema interno y un dique opuesto a las infiltraciones que puedan venir del exterior.

 

El entredicho con la Santa Sede

(...)

[Entre el 2 y el 27 de setiembre de 1938 se suceden una serie de notas informativas desde la Embajada Argentina ante la Santa Sede y desde la Embajada Argentina en Italia. Dichas notas detallan las diversas medidas antijudías que comienzan a implementarse en  Italia y la repercusión de dichas medidas en el Vaticano. En la primera de dichas notas, el Embajador ante la Santa Sede, informa sobre el decreto referido a los extranjeros de raza judía.(N.del C)

Fuente: AMREC, D. P. Italia, 1938, Exp. 16, Nota No. 94, Roma, Embajada de Italia, 2/09/38

Nota N° 94 - R.E.

Roma, Septiembre 2 de 1938.

Señor Ministro:

Tengo a honra informar a V.E. que el Consejo de Ministros, reunido ayer en el Viminale, entre una serie de decretos que escapan al rol de esta Embajada, dictó uno sobre los extranjeros de raza judía, por el cual se les prohíbe, desde la fecha del mismo, fijar su residencia estable, no sólo en el Reino, sino también en la Libia y en las posesiones del Egeo.

El decreto no se detiene en esa medida al parecer de carácter defensivo, pues va más lejos, en otros artículos, y ordena la salida del territorio, en el plazo de 6 meses, a todos los israelitas establecidos en Italia en Libia, o en las posesiones del Egeo, con fecha posterior al 1° de Enero de 1919, y los que no lo hagan serán expulsados, previa la aplicación de las penas establecidas en las leyes vigentes.

Pero hay dos disposiciones que llaman sobremanera la atención. Por una de ellas se determina que las concesiones de ciudadanía italiana hecha a hebreos, después del 1° de Enero de 1919, quedan derogadas. Por la otra, que a los efectos del decreto, es considerado judío aquel que nacido de genitores de esa nacionalidad haya abrazado otra religión.

Es ésta, la ley primera contra los judíos. En ella no se legisla contra los nativos, pero el tono de la prensa en su totalidad, con excepción de L’osservatore Romano, da derecho a suponer que también a ellos les llegará su turno.

Fdo: Carlos de Estrada.

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[El Embajador en Italia, Manuel Malbrán, envía al Canciller José María Cantilo  una nota informativa "como complemento de las anteriores comunicaciones", referente a las "medidas tomadas recientemente para con los hebreos extranjeros".(N. del C.)

 

Nota N° 165 R.E.

Roma, Septiembre 6 de 1938.

Señor Ministro:

Tengo el honor de dirigirme a V.E. para llevar a su conocimiento, a título informativo, y como complemento de las anteriores comunicaciones de esta Embajada, las disposiciones adoptadas respecto a los hebreos en la segunda reunión del Consejo de Ministros, realizada el 2 del actual por la mañana.

En mi nota 163 R.E. de la misma fecha, informaba al Señor Ministro de las medidas tomadas recientemente para con los "hebreos extranjeros" en cuanto a la prohibición de fijar su residencia en Italia y la expulsión de los mismos, cuando se hubiera domiciliado aquí después del 1° de Enero de 1919. Las providencias adoptadas ahora, en la nueva reunión del Consejo de Ministros, no hacen distingos entre “hebreos nacionales” y “hebreos extranjeros” y están encaminadas a eliminar de las escuelas, academias e institutos a los hebreos en general. Ellas pueden concretarse en las siguientes estipulaciones:

1°) En las escuelas estatales o paraestatales, de cualquier orden y grado, y en las no gubernativas, cuyos estudios hayan sido reconocidos con efecto legal, no podrán ser admitidos como profesores ninguna persona de raza hebrea, aunque estén comprendidos en las listas de los concursos realizados con anterioridad a la fecha del decreto-ley.

2°) Los hebreos no serán admitidos a las suplencias universitarias ni a la habilitación de la docencia libre.

3°) A partir del 16 de Octubre de 1938 todos los hebreos que estén en las condiciones enunciadas más arriba quedarán suspendidos en sus funciones. A tales efectos, se consideran como profesores, a más de éstos, a los presidentes y directores de las escuelas, a los ayudantes y a asistentes universitarios, libre docentes y al personal de vigilancia de las escuelas elementales.

4°) Los miembros de raza hebrea de Academias, Institutos y Asociaciones de Ciencias, Letras y Artes dejarán de formar parte de las mismas, a partir del 16 de Octubre de 1938.

5°) Se prohíbe la inscripción de alumnos de raza hebrea en las escuelas de cualquier orden y grado, cuyos estudios tengan efecto legal reconocido. Sólo podrán ser autorizados provisoriamente a seguir sus estudios en institutos de cultura superior, los ya inscriptos en el pasado año académico.

Según datos estadísticos publicados aquí, aunque sin confirmación de la aplicación de estas medidas traerá aparejada la suspensión de 174 profesores universitarios de raza hebrea en toda Italia, aparte de la que se aplique al personal de otras categorías. En cuanto a los estudiantes de raza hebrea no existen aún datos sobre su cantidad en todo el Reino.

Fdo: Manuel Malbrán

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[El 12 de setiembre, el Embajador Estrada informa sobre el dictado de un nuevo decreto, entendiendo que "en el fondo se quiere aislar a los israelitas para vigilarlos con mayor facilidad e inculcarles al mismo tiempo, con una educación especial, (...)".

 

Nota N° 100-R.E.

Roma, Septiembre 12 de 1938.

Señor Ministro:

Con referencia a mi nota n° 96, del día 5 de los corrientes, relativa a la prohibición de que los alumnos hebreos se matriculen en las Escuelas oficiales, o en las de carácter particular, cuyos estudios son reconocidos por el Estado, tengo el honor de llevar a conocimiento de V.E. que se ha dictado otro decreto, mediante el cual se crean Escuelas destinadas a la enseñanza de los niños judíos exclusivamente.

Entiendo que esa separación desde la infancia, contribuirá a que no se amalgamen los judíos con los de raza ariana y establecerá entre ellos diferencias más acentuadas que en la actualidad. En el fondo se quiere aislar a los israelitas para vigilarlos con mayor facilidad e inculcarles al mismo tiempo, con una educación especial, sentimientos que no adquieren en el hogar.

Fdo: Carlos de Estrada

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[El 27 de setiembre, Malbrán lleva a conocimiento de la Cancillería argentina algunas de las derivaciones de la legislación racial promulgada en Italia.(N. del C.)           

Nota N° 183 R.E.

Confidencial

Roma, 27 de septiembre de 1938.

Señor Ministro:

A título informativo y complementando las anteriores comunicaciones de esta Embajada, tengo el honor de dirigirme a V.E. para llevar a su conocimiento las últimas derivaciones de la “cuestión racial” que surgiera en Italia en Julio del corriente año.

Las distintas providencias adoptadas contra los hebreos por este Gobierno, las que fueron comunicadas oportunamente a ese Ministerio, provocaron ciertas resistencias. Aparte de la campaña del órgano oficial de la Santa Sede —que se expresara en términos enérgicos sobre la revista “La difesa de la razza”—, de los discursos del Sumo Pontífice y de los comentarios extranjeros, no faltó la desaprobación de los “hebreos italianos” y de las personas vinculadas a los mismos por intereses o afectos. Por otra parte, había personalidades del Régimen, aun en los más altos círculos oficiales, de reconocida ascendencia hebrea y, además, se consideraba injusto no se tuviera en cuenta a los integrantes de esta confesión que habían actuado en las filas del Ejército italiano durante la campaña de Etiopía.

No obstante todo esto, las disposiciones fueron cumplidas y se sucedieron las renuncias en universidades, establecimientos de enseñanza y otros. Así, en los primeros días de este mes, el Señor Edgardo Morpurgo, presidente de la “Assicurazioni Generali”, de la “Anonima Infortuni” y de la “Anonima Grandine”, fue relevado y sustituido por el Conde Volpi di Misurata; asimismo el doctor Arnaldo Frigessi di Rattalma, con idéntico cargo en la “Riunione Adriatica di Sicurtà” fue reemplazado por el ex Embajador de Italia, señor Fulvio Suvich.

Días después, el Ministro de la Educación Nacional daba a la publicidad una circular suya —de fecha 12 de Agosto ppdo.— por la que se prohibía en los establecimientos de su dependencia la adopción de textos escolares cuyos autores fueran de raza hebrea.

Hasta mediados de este mes puede decirse que siguió en aumento la intensidad de la campaña racista, pero después ella ha pasado a segundo plano. Las razones de este cambio de actitud —que no puede afirmarse sea definitivo— pueden ser, tanto la tensión internacional porque ha pasado este continente, como la consideración por el Jefe de Gobierno de la posibilidad de atenuar las medidas dictadas contra los hebreos.

Efectivamente, no sólo la campaña racista se ha debilitado en su característica inicial, dirigiéndose ahora más bien hacia la salud de la raza, sino que se han producido algunos hechos que parecen confirmar esta última suposición. Todo esto sin perjuicio de algunas medidas aisladas que se siguen tomando.

Así, se ha hecho pública una decisión del Gobierno de Italia creando para el presente año escolar, y a sus expensas, escuelas reservadas a los alumnos hebreos cuyo funcionamiento se permitirá conjuntamente con las sostenidas por la colectividad israelita. Esta medida, aunque no revoca la anterior, que prohibía la concurrencia de los mismos a las escuelas estatales o incorporadas, suprime las consecuencias que ella aparejaba.

Por otra parte, se me ha informado que una edición del diario “Il Tevere”, donde se fustigaba a los judíos, fue secuestrada por la autoridad.

A esto se agregan las sugestivas palabras del Duce, en su discurso en Trieste de 19 del actual, quien se refirió al problema racial en los siguientes términos:

            “El problema racial no ha estallado de improviso, como piensan quienes están acostumbrados a los despertares bruscos porque están habituados a largos sueños apoltronados. Está en relación con la conquista del Imperio, pues la historia nos enseña que los imperios se conquistan con las armas pero se mantienen con el prestigio. Y para el prestigio es necesaria una clara, severa, conciencia racial que establezca no solamente diferencias sino superioridades netas.

“El problema hebreo no es sino un aspecto de este fenómeno. Nuestra posición ha sido determinada de estos irrefutables hechos. El hebraísmo mundial ha sido durante 16 años, a pesar de nuestra política, un enemigo inconciliable del fascismo. En Italia nuestra política ha determinado en los elementos semitas lo que se puede llamar hoy, se podía llamar una verdadera y propia carrera al arrebato de posiciones. No obstante, los hebreos de ciudadanía italiana, que tengan indiscutibles méritos civiles o militares, con respecto a Italia y al Régimen, encontrarán comprensión y justicia; en cuanto a los otros se seguirá una política de separación. Al final, el mundo deberá quizás sorprenderse más de nuestra generosidad que de nuestro rigor, a menos que los semitas de allende las fronteras, y los del interior, y sobre todo sus improvisados e inesperados amigos que desde muchas tribunas los defienden, no nos obliguen a cambiar radicalmente camino”.

Ahora bien, la actitud definitiva del Gobierno italiano respecto a este asunto, quizás pueda surgir de la próxima reunión del Gran Consejo, anunciada para el 6 del mes entrante.

Fdo: Manuel Malbrán

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[El 13 de octubre de 1938, Malbrán analiza las declaraciones del Gran Consejo del Fascismo sobre "la cuestión racial" y su expresión en la legislación antijudía. Finaliza señalando que se buscaba exceptuar a aquellos judíos que habían colaborado con el régimen fascista.(N. del C.)

N° 97 R.E.

Roma, 13 de octubre de 1938.

Señor Ministro:

En mi Confidencial N° 183 R.E. de 27 de septiembre ppdo. llevé a conocimiento de V.E. las últimas derivaciones de la “cuestión racial” en Italia, anticipando, además, que la posición definitiva de este Gobierno, a ese respecto, sería conocida después de la reunión del gran Consejo anunciada para el 6 del corriente.

Ahora bien, dicha reunión se ha efectuado en la fecha precitada, encarando el estudio del problema racial y adoptando algunas resoluciones que, no obstante reiterar la tesis fascista, atenúan su fuerza, contemplando los casos especiales a que hiciera referencia en mi nota anterior.

Para mayor información de ese Ministerio, transcribo a continuación las distintas resoluciones aprobadas por el Gran Consejo.

Declaración sobre la raza

"El Gran Consejo del Fascismo, como consecuencia de la conquista del Imperio, declara la actualidad urgente de los problemas raciales y la necesidad de una conciencia racial. Recuerda que el fascismo ha desenvuelto, desde hace dieciséis años, y desenvuelve una actividad positiva, dirigida al mejoramiento cuantitativo y calificativo de la raza italiana, mejoramiento que puede ser comprometido gravemente, con consecuencias políticas incalculables, por los cruzamientos y por el bastardeamiento.

“El problema hebreo no es sino el aspecto particular de un problema de carácter general.”

Disposiciones sobre matrimonios

“El Gran Consejo del Fascismo establece:

1) La prohibición de matrimonio de italianos e italianas con elementos pertenecientes a las razas camita, semita y otras no arianas;

2) La prohibición para los empleados del Estado o de los entes públicos —personal civil y militar— de contraer matrimonio con mujer extranjera de cualquier raza;

3) El matrimonio de italiano e italiana con extranjeros, aún de raza ariana, deberá tener el consentimiento preventivo del Ministerio del Interior; y

4) Deben ser reforzadas las medidas contra los que atenten al prestigio de la raza en el territorio del Imperio.”

Hebreo y hebraísmo

“El Gran Consejo del Fascismo recuerda que el hebraísmo mundial —especialmente después de la abolición de la masonería— ha sido el animador del antifascismo en todos los campos y que el hebraísmo extranjero o italiano expatriado ha sido, en algunos períodos culminantes como en 1924-1925, y durante la guerra etiópica, unánimemente hostil al fascismo.

“La inmigración de elementos extranjeros —acentuada fuertemente desde 1933 en adelante— ha empeorado el estado de ánimo de los hebreos italianos con respecto al Régimen, no aceptado sinceramente porque es contrario a la psicología, a la política y al internacionalismo de Israel.

“Todas las fuerzas antifascistas tienen como Jefes a elementos hebreos; el hebraísmo mundial está, en España, de parte de los bolcheviques de Barcelona."

Prohibición de entrada y expulsión de hebreos

“El Gran Consejo del Fascismo señala que la ley concerniente a la prohibición de entrada en el Reino a los hebreos extranjeros no podía ser retardada más tiempo, y que la expulsión de los “indeseables” —según el término puesto en boga y aplicado en las grandes democracias— es indispensable.

“El Gran Consejo del Fascismo decide que, además de los casos singularmente discutibles que se sometan al examen de la correspondiente comisión del Ministerio del Interior, no se aplique la expulsión a los hebreos extranjeros que:

a) tengan una edad superior a los 65 años;

b) hayan contraído un matrimonio mixto italiano antes del 1° de Octubre de 1938".

Determinación de hebreos

“El Gran Consejo del Fascismo, respecto de la pertenencia o no a la raza hebraica, establece lo siguiente:

A - es de raza hebrea aquel que nace de ambos progenitores hebreos;

B - es considerado de raza hebrea aquel nacido de padre hebreo y de madre extranjera;

C - es considerado de raza hebrea el que, nacido de matrimonio mixto, profesa la religión hebrea;

D - Nn es considerado de raza hebrea el nacido de matrimonio mixto, en caso que profese otra religión que la hebrea al 1° de Octubre de 1938”.

Discriminación entre hebreos italianos

“Siempre que no lo desmerezcan por otros motivos, no se aplicará ninguna discriminación con respecto a los hebreos de ciudadanía italiana, cuando pertenezcan a:

1) familias de los caídos en las cuatro guerras sostenidas por Italia en este siglo: líbica, mundial, etiópica y española;

2) familias de voluntarios de las guerras líbica, mundial, etiópica y española;

3) familias de los combatientes de las citadas guerras condecorados con la cruz al mérito de guerra;

4) familias de los caídos por la causa fascista;

5) familias de los mutilados, inválidos y heridos de la causa fascista;

6) familias de los fascistas inscriptos en el Partido en los años 1919 al 1922 y en el segundo semestre de 1924 y familias de los legionarios de Fiume;

7) familias que tengan excepcionales méritos, los que serán apreciados por la comisión creada a ese fin.

“Quedan excluidos, para todos los casos, la enseñanza en las escuelas de cualquier orden y grado.”

Prohibiciones

“Los ciudadanos italianos de raza hebrea, no pertenecientes a las categorías anteriores, mientras se dicte una ley concerniente a la concesión de la ciudadanía italiana, no podrán:

a) ser inscriptos en el Partido Nacional Fascista;

b) ser propietarios o dirigentes de haciendas de cualquier naturaleza que emplee cien o más personas;

c) ser propietarios de más de cincuenta hectáreas;

d) prestar servicio militar en época de paz o de guerra”.

Otras disposiciones

“El Gran Consejo de Fascismo decide, por otra parte:

1) que a los hebreos alejados de los puestos públicos le sea reconocido el normal derecho de pensión;

2) que toda forma de presión sobre los hebreos, para obtener abjuración, sea rigurosamente reprimida;

3) que nada se innove en cuanto se refiere al libre ejercicio del culto y a las actividades de la comunidad hebrea, según las leyes vigentes;

4) que, conjuntamente con las escuelas elementales, se aumente la institución de escuelas medias para hebreos”.

Inmigración de hebreos en Etiopía

“El Gran Consejo del Fascismo no excluye la posibilidad de conceder, también para desviar la inmigración hebraica en la Palestina, una controlada inmigración de hebreos europeos en algunas zonas de Etiopía.

“Esta condición eventual, y las otras, hecha a los hebreos pueden ser anuladas o agravadas según la actitud que el hebraísmo asuma frente a la Italia Fascista”.

Cátedra de racismo

“El Gran Consejo del Fascismo toma nota, con satisfacción que el Ministro de Educación Nacional ha instituido cátedras de estudio sobre la raza, en las principales Universidades del Reino”.

--------------------------------------------

En esta forma el Gran Consejo del Fascismo se ha pronunciado sobre la “cuestión racial” y ha tratado de exceptuar de las fuertes medidas adoptadas contra los hebreos, a todas aquellas personas que han colaborado con el Régimen o han contribuido a su afianzamiento. Estas disposiciones vienen así a beneficiar a gran número de hebreos italianos, sin perjuicio de las consecuencias que aparejan para los hebreos extranjeros y aún para los propios italianos en cuanto a matrimonio.

Aprovecho la oportunidad para reiterar a V.E. las seguridades de mi más alta y distinguida consideración.

Fdo: Manuel Malbrán

*******

[El 14 de octubre de 1938, Malbrán solicita instrucciones para actuar en el caso que las medidas tomadas contra los judíos alcanzaran a ciudadanos argentinos.(N. del C)

N° 203 R.E.

Confidencial

Roma, 14 de octubre de 1938.

Señor Ministro:

Esta Embajada ha estado remitiendo, a título meramente informativo, el texto de todas las medidas adoptadas por el Gobierno italiano con motivo de la “campaña racial” que viene desenvolviendo en estos últimos tiempos.

Con las disposiciones aprobadas recientemente por el Consejo de Ministros y por el Gran Consejo del Fascismo, todos los hebreos extranjeros que hayan entrado en el Reino después del 1° de Enero de 1919, deberán abandonar este país antes de los seis meses, bajo pena de expulsión. Están exceptuados, únicamente, los mayores de 65 años y los que hubieran contraído un matrimonio mixto italiano antes del 1° del corriente mes.

Ahora bien, Señor Ministro, la aplicación de estas disposiciones puede llegar a alcanzar a ciudadanos argentinos que, habiéndose comportado correctamente y observado las leyes de este país, no tuvieran en su contra nada más que el hecho de ser hijos de hebreo o hebreos, o profesar dicha religión.

Es ante la eventualidad de que pudiera presentarse este caso, o de que ciudadanos argentinos en tales condiciones se dirigiesen a esta Embajada o a las oficinas consulares de mi jurisdicción, que solicito de V.E. se sirva darme instrucciones a este respecto, para proceder en consecuencia.

Reitero al Señor Ministro las seguridades de mi más alta y distinguida consideración.

Fdo: Manuel Malbrán

*******

[El pedido de instrucciones realizado por Malbrán con fecha 14 de octubre de 1938 pasa al Consejero Legal del Ministerio, Isidoro Ruiz Moreno. El 29 de noviembre se envía la respuesta a la Embajada Argentina en Italia.CN. del C.)

Confidencial

Nota Nº 160

Buenos Aires, Noviembre 29 de 1938.

Señor Embajador:

Pasada la nota Confidencial n° 203, de fecha 14 de octubre ppdo., de esa Embajada, a dictamen de S.E. el Señor Consejero Legal de este Departamento, este funcionario se ha expedido en los términos que tengo el honor de transcribir a V.E. a continuación:

            “No tratándose de una medida que se tomaría solamente contra los argentinos de raza hebrea, y siendo de la potestad de cada Estado legislar sobre inmigración, considero que no tendríamos ninguna objeción fundada que hacer a las disposiciones de Italia que pudieran perjudicar a algún argentino.

En el momento actual de la civilización, cada Estado tiene el derecho de legislar ampliamente en materia de población y determinar las condiciones generales referentes a la misma.

La reprobación que es de pública notoriedad han causado en el mundo las medidas tomadas por Alemania contra los judíos, sólo ha podido traducirse en críticas de la prensa y de la opinión pública y, apenas, por lo que a Estados Unidos respecta, por el llamado del Embajador en Berlín. Hay también reclamaciones de Gran Bretaña referentes a los daños y perjuicios causados por la población alemana a los judíos en diversas ciudades de Alemania; pero esto es otra cosa.

El derecho de expulsar en masa a los extranjeros no existe; pero no se puede negar a un Estado el derecho de impedir la permanencia de elementos raciales determinados. Tan es así, que rigen en muchas partes del mundo leyes que prohíben la entrada de los gitanos, que son otra raza como los judíos; y nadie ha protestado por ello. Bajo formas más o menos encubiertas algunos países americanos del Pacífico prohíben la inmigración de individuos de raza amarilla. Si Italia hubiese tomado medidas contra hebreos de nacionalidad argentina, netamente, el Gobierno Argentino tendría perfecto derecho de reclamar, dado que existe ya jurisprudencia internacional en un famoso caso resuelto por el jurisconsulto francés Desjardins, que falló en un diferendo ocurrido entre Gran Bretaña y Bélgica, con motivo de la expulsión de un ciudadano británico por el Gobierno Belga, sin fundamento. El Gobierno Belga fue condenado en ese asunto.

Pero, como la medida ha sido tomada contra todos los hebreos extranjeros que no se encuentren en determinadas condiciones de residencia o vinculación con el país, de nada tendremos que reclamar.”

******

 

[El 25 de noviembre de 1938, Malbrán continúa su serie informativa, analizando el decreto-ley "para la defensa de la raza italiana", en el que se incluyen nuevas disposiciones, que acentúan las medidas antijudías. (N. del C.)

 

N° 239 R.E.

Roma, 25 de noviembre de 1938.

Señor Ministro:

Con nota n° 197 R.E. de 13 de octubre ppdo., informé a V.E. de las deliberaciones adoptadas por el gran Consejo del Fascismo con relación a los hebreos italianos y extranjeros. En base a las mismas, el Consejo de Ministros, reunido el 10 del actual, aprobó un decreto-ley “para la defensa de la raza italiana” el que acaba de entrar en vigencia con su publicación en la “Gazzetta Ufficiale” del 19 del corriente.

En dicho decreto-ley, cuyo texto se transmite para mejor conocimiento de ese Ministerio, se han incluido nuevas disposiciones que acentúan las medidas antisemitas adoptadas anteriormente.

Así en el artículo 1° se establece la prohibición de celebrar matrimonios entre italianos de raza aria con persona perteneciente a otra raza, bajo pena de absoluta nulidad, ya que no produce efectos civiles ni puede ser inscripto en los libros de registro civil. Se prohíbe a los ministros de culto la realización de tales matrimonios y se castiga a los transgresores con multa de quinientas a cinco mil liras.

Esta disposición ha sido observada por la Santa Sede como contraria al artículo 34 del Concordato vigente con Italia en el cual se reconoce “a los efectos civiles, el sacramento del matrimonio, disciplinado por el derecho canónico”. Y así lo ha hecho saber el Sumo Pontífice al Gobierno en dos cartas autógrafas dirigidas una al Rey y otra al Jefe del Gobierno. “L’Osservatore Romano” ha hecho público que la contestación del Rey indica la posibilidad de contemplar los puntos de vista expresados por la Santa Sede.

Otras disposiciones importantes son las que se refieren al matrimonio de ciudadano italiano con personas de nacionalidad extranjera que, en general, queda subordinado al permiso previo del Ministerio del Interior. Sin embargo, la prohibición subsiste —bajo pena de arresto y multa y pérdida de empleo y grado— para los dependientes de la administración civil y militar del Estado, de las organizaciones del Partido Nacional Fascista o por ellas controladas, de las administraciones provinciales y comunales, de las entidades para estatales, asociaciones sindicales y entidades colaterales.

En cuanto a los hebreos de raza italiana se establece que no pueden prestar servicio militar en tiempo de paz o guerra, ejercer la tutela o curatela sobre personas no hebreas, ser propietarios o gestores, a cualquier título, de haciendas declaradas de interés para la defensa nacional o de cualquier naturaleza que empleen más de cien personas, ser propietarios de fábricas que tengan un imponible superior a 20.000 liras o de terrenos que tengan un valor superior a 5.000, etc. Estas prohibiciones pueden ser levantadas a los hebreos italianos que prueben méritos de guerra o en el partido, de acuerdo con la discriminación aprobada por el Gran Consejo y comunicada a V.E. en la mencionada nota 197.

A pesar de dicha discriminación, subsisten las otras prohibiciones que son mantenidas sin excepción. Estas son: las de tener, en calidad de domésticos, ciudadanos italianos de raza aria y no permitírseles el ingreso ni la permanencia en la administración civil o militar del Estado, en las organizaciones del Partido o de su dependencia, en las administraciones provinciales, municipales, municipalizadas, instituciones públicas de beneficencia, en las entidades, institutos y haciendas para estatales, o en gestión directa, etc., etc.

El decreto-ley finaliza con una serie de disposiciones, entre las cuales cabe destacar que los hebreos con ciudadanía italiana posterior al 1° de enero de 1919 —cuya ciudadanía queda automáticamente revocada— y todos los hebreos extranjeros que hayan fijado su residencia en el Reino con posterioridad a la misma fecha, deberán dejar el territorio del Reino, de la Libia y de las posesiones del Egeo, antes del 12 de marzo de 1939.

Por otra parte, y como consecuencia de la publicación de este decreto-ley, se tiene informaciones de que el Gobierno italiano ha dado instrucciones a los escribanos públicos de no escriturar ninguna venta efectuada por hebreos. Se asegura, además, que se dispondrá un censo general de las propiedades pertenecientes a individuos de dicha raza, las que serán expropiadas y avaluadas por el Gobierno, entregándose en pago títulos nominativos con un bajo interés.  

Fdo.: Manuel Malbrán

******

[El 29 de noviembre de 1938, preocupado por la situación de los hebreos argentinos en Italia, Malbrán insiste con el pedido de instrucciones al Ministerio, además de consignar sus interesantes puntos de vista al respecto. La nota se cruza con la respuesta del Ministerio, enviada desde Buenos Aires en la misma fecha en la que Malbrán despacha este informe. (N. del C.)

Nota N° 242 R.E.

Confidencial-reservada

Roma, 29 de noviembre de 1938.

Señor Ministro:

En diversas comunicaciones anteriores me he referido a las medidas adoptadas por el Gobierno italiano en contra de las personas de raza hebrea, y en prosecución de la llamada “política racial”. En alguna de ellas señalaba las disposiciones que llegado el caso podrían ser aplicables a ciudadanos argentinos.

Aún cuando no se han presentado hasta ahora casos concretos de ciudadanos argentinos a quienes se haya pretendido aplicar esas disposiciones, no sería difícil que se presentaran en el futuro. Hasta hoy sólo se han formulado algunas consultas más o menos abstractas hechas a algunas de nuestras oficinas consulares, por hebreos que se dicen argentinos, y que temen ser en el futuro víctimas de algunas de esas disposiciones.

Es perfectamente explicable, pues, que yo desee conocer los puntos de vista de V.E. a este respecto, para ajustar a ellos mi conducta llegado el caso.

--------------------------------------------

Por lo que a mi opinión respecta, y después de contemplar el asunto en alguno de sus diferentes aspectos, considero:

1° - Que no se puede desconocer el derecho que puede tener el Gobierno de cualquier país soberano para declarar “indeseables” a determinados extranjeros y exigirles que salgan de su territorio.

Entiendo que esto como principio no puede discutirse; pero si en ejercicio de ese derecho se declara indeseables a ciudadanos argentinos, que han estado viviendo tranquilamente en Italia, al amparo de sus leyes y respetuosos de las mismas, y sin haber nunca dado a las autoridades motivos de queja; y que su expulsión del país no tuviese otra razón fundamental que una cuestión de religión o de raza, nadie podría tampoco desconocer ni objetar el indiscutible derecho del Gobierno argentino, para declarar “indeseables” por cualquier razón o pretexto a italianos residentes en la República por respetuosos que ellos fueran de nuestras leyes y por ejemplar que fuera su conducta.

Aún cuando sin desconocer la fuerza que tendría un argumento semejante, no creo sin embargo que pudiera dar resultado en la práctica. Es posible que el Gobierno italiano tomando en consideración aquellas observaciones, encontrara medios para hacer alguna excepción a los poquísimos casos de ciudadanos argentinos hebreos que pudieran presentarse. Pero es más que posible, muy probable, que esos hebreos argentinos, no desearan ya continuar viviendo en un ambiente que les sería de todo punto molesto, cuando no hostil, aun cuando tuvieran el permiso para continuar en el Reino.

Sería, pues, el caso de ciudadanos argentinos de raza o religión hebrea que o por resolución de la autoridad italiana o por propia voluntad desean alejarse de Italia.

¿En qué condiciones podrían hacerlo tratándose de personas que tienen bienes de fortuna?

2° - Si no se puede desconocer el derecho de un Gobierno para declarar “indeseables” a determinados extranjeros, entiendo que no se puede “reconocer” en manera alguna, su derecho a “incautarse” de los bienes de ese extranjero “indeseable”, a no ser en el único caso en que ese extranjero se hubiera hecho pasible de esa pena por sentencia judicial de autoridad competente.

Las autoridades italianas han adoptado ya las medidas del caso para reducir a un límite casi ridículo las propiedades de los hebreos. No se han referido aún a los hebreos extranjeros; sin embargo, los diarios anuncian que los Escribanos han sido ya prevenidos que a partir del 1° de diciembre no deben autorizar ninguna escritura de venta ni traspaso de propiedad que pertenezca a un hebreo. Entiendo (no se ha hecho aún pública ninguna noticia definitiva al respecto) que es propósito del Gobierno adquirir todas las propiedades de los hebreos, que serían abonadas (al precio que el Gobierno fijara) con bonos de Gobierno que producirían un interés de 3 1/2 por ciento.

 Tal como yo lo entiendo, todo esto no puede ser aplicado sino a los hebreos italianos.

Y si se presentase el caso de un ciudadano argentino de raza o religión hebrea, considero que correspondería hacer la gestión, para que a ese ciudadano argentino se le permitiera vender sus propiedades inmuebles, y sacar de Italia ya sea el importe de esa venta, ya el dinero que tenga en efectivo o que haya podido realizar por otros conceptos; pero esto en divisa extranjera, ya que por una parte no está autorizada la exportación de liras, y por la otra de poco le podría servir al interesado disponer fuera de Italia de liras italianas que no pudiera convertir a divisa extranjera.

3° - Considero, por último, que la Embajada debe ser muy medida y discreta en el amparo o protección que pueda prestar a ciudadanos argentinos en la condición a que esta nota se refiere.

Desde luego es posible que sean muy pocos los ciudadanos argentinos de raza o religión hebrea, residentes en Italia. Pero es indudable que algunos existen, desde que ya se han hecho presente a los Cónsules, y han formulado, como lo he dicho, algunas consultas. Pero aún con respecto a esos ciudadanos argentinos entiendo que debe hacerse alguna distinción: a) los ciudadanos argentinos nativos, radicados en la República o con familia y negocios en la Argentina, y que ya sea accidentalmente, ya por las mismas vinculaciones comerciales han adquirido propiedades o bienes en Italia, y a quienes esta situación les ha sorprendido aquí en una permanencia que a pesar de ser de uno, dos o más años, puede sin embargo considerarse accidental. Creo que a éstos debe prestárseles sin vacilaciones el amparo o protección que les sea debida, y hacer llegado el caso, todas las gestiones necesarias para ayudarlos a mejorar su situación; siempre, bien entendido, que sus documentos estén en debida forma y que acrediten haber cumplido con sus deberes que su calidad de argentinos les impone:

b) aquellos, que aun cuando nacidos en la Argentina, no han estado nunca vinculados al país en ninguna forma, e invocan su nacionalidad argentina únicamente con el objeto de poder disponer de “otro pasaporte” en el caso de cualquier conflicto europeo; personas en realidad sin ningún sentimiento argentino, que nacieron en la República por accidente, pero que aprovechan de ese accidente para sacarle los mayores beneficios posibles; que en el caso de haberse enrolado han eludido hábilmente el servicio militar, y que en esos casos invocan la ciudadanía argentina, por nacimiento, y en otros la de los padres, y aun también alguna tercera o cuarta obtenida por “naturalización” en otros países. Creo que la Embajada debería procurar desentenderse en absoluto de estos casos, y a no ser esto posible limitarse a acordarles el mínimun de interés compatible con una “aparente protección” a supuestos súbditos argentinos.

c) ciudadanos por naturalización. También en estos casos creo que debe hacerse la distinción entre el ciudadano naturalizado que se ha vinculado y arraigado en el país donde tiene la sede de su familia y de sus negocios, y el que ha solicitado y obtenido su carta de ciudadanía sólo en la previsión de que le pudiera ser útil en el futuro, pero no sólo sin renunciar a su ciudadanía originaria, sino aun habiendo solicitado y acaso obtenido también su naturalización en otros países. A los primeros habría que prestarles la debida protección, y habría que prescindir en absoluto de los segundos.

-------------------------------------

V.E. comprenderá que no me sea posible contemplar todos los aspectos de esta cuestión; pienso que cada caso debe considerarse aisladamente cuando se presente, y aplicar el criterio que las circunstancias indiquen en cada caso.

Pero, como lo expreso al principio, mucho agradecería a V.E. me hiciera conocer sus puntos de vista generales al respecto, para en cualquier caso ajustar a ellos mi conducta.

Fdo: Manuel Malbrán.

*******

[El 9 de enero de 1939, el Director de Asuntos Políticos del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Carlos M. Kier,  responde al segundo pedido de instrucciones del Embajador en Italia, ratificando el dictamen del Consejero Legal pero incorporando a dicho dictamen gran parte de las sugerencias formuladas por Malbrán, con respecto a la política a adoptar para el caso de los ciudadanos argentinos. (N. del C.)

Señor Subsecretario:

Por nota del 14 de octubre último, el señor Embajador en Roma se refirió a la expulsión decretada por el Gobierno de Italia de los hebreos extranjeros, los que deberían abandonar ese país dentro del plazo de seis meses, y con ese motivo pedía instrucciones para el caso eventual de que ciudadanos argentinos comprendidos en la prescripción enunciada, se presentarán solicitando el amparo de esa Embajada o de los Consulados de su dependencia.

Pasada esa consulta a dictamen del Consejero Legal de este Departamento, el Doctor Ruiz Moreno expresó que: “en el momento actual de la civilización cada Estado tiene el derecho de legislar ampliamente en materia de población y determinar las condiciones generales referentes a la misma”, por lo que, y dado que la expulsión de hebreos extranjeros decretada por el Gobierno de Italia era de carácter general y no iba dirigida únicamente contra los ciudadanos argentinos de esa raza, nada podía llegado el caso reclamar este Gobierno.

Ese dictamen fue transcripto con fecha 29 de noviembre ppdo., al señor Embajador en Roma en respuesta a su referida consulta, y por lo tanto se ha cruzado con la nueva nota que éste ahora remite y en la que al volver a referirse a la expulsión de los hebreos extranjeros de Italia, plantea otra cuestión subsidiaria que se presenta, referente a la incautación de los bienes de los mismos por el Gobierno de aquel país.

En cuanto comprende al primer punto, él, como queda dicho ya ha sido resuelto por este Departamento en la forma aconsejada por el señor Consejero Legal, cuyo dictamen ha de estar ya en poder del Señor Embajador en Roma. Por consiguiente nada hay que agregar respecto a ese punto que comprende la expulsión de los judíos extranjeros, a no ser aprobar las distinciones que el señor Embajador, cuya opinión en cuanto al fondo del asunto coincide con la sustentada por el señor Consejero Legal, plantea respecto al diverso trato que debe darse a los posibles ciudadanos argentinos hebreos residentes en Italia, según sean ellos nativos o naturalizados y según sean también los vínculos reales que los ligan a la República.

Por lo tanto lo que ahora debe resolver este Departamento es la cuestión que emerge de la situación que plantea el señor Embajador respecto al tratamiento que pueda aplicar Italia a los bienes de los hebreos extranjeros.

A este particular enuncia el señor Embajador que el Gobierno Italiano ha adoptado ya las medidas del caso “para reducir a un límite casi ridículo las propiedades de los hebreos”, agregando que según se anuncia se ha prohibido ya la escrituración de venta y traspaso de esos bienes y que es propósito de aquel Gobierno adquirir todas las propiedades de los judíos las que serían pagadas al precio que él les fije con bonos del Estado del 3 1/2% de renta.

Esto lleva al señor Embajador a prever la posibilidad de que algún ciudadano argentino hebreo se encontrara afectado por tales disposiciones, y a este particular expresa que correspondería gestionar se permita a los ciudadanos en esas condiciones vender sus bienes inmuebles y sacar de Italia el importe de esas ventas, así como todo otro dinero que tengan en efectivo por otros conceptos pero en divisas extranjeras, ya que la exportación de liras no está autorizada y por otra parte esa moneda no tiene conversión fuera de Italia.

Consideradas esas medidas, es indudable que ellas tienen en sus efectos los caracteres de una confiscación general de bienes.

En efecto, al expulsar a un extranjero y al propio tiempo incautarse el estado de sus bienes adquiriéndolos por el monto por él dispuesto e impidiéndoles luego sacar de Italia ese importe en una moneda con valor real fuera de ese país, y al aplicar igual procedimiento con cualquier otro dinero que los expulsados puedan tener, se llega prácticamente a despojar a aquéllos de sus bienes propios, esto es a la confiscación general.

Tal medida, en cuanto pueda afectar a ciudadanos argentinos no debe ser consentida. La confiscación general de bienes por la injusticia manifiesta que significaba y no obstante que ella sólo se aplicaba como una pena por determinados crímenes y delitos, ha sido suprimida desde hace mucho tiempo de la legislación de todos los países civilizados. Y así lo ha hecho también Italia, la que desde hace muchos años la proscribió de sus leyes penales, y en cuanto a la República Argentina, la Constitución Nacional en su Artículo 17 declara que: “La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal Argentino”.

En lo que se refiere a confiscación de bienes, lo que sólo ha quedado subsistente en las legislaciones modernas es la confiscación especial, es decir la apropiación, o mejor dicho el descomiso por el Estado de aquellos bienes determinados que constituyen el cuerpo de un delito, o de las cosas producidas por el delito o de aquellas que han servido o que han estado destinadas a cometerlo, ello dentro del fuero penal común y siempre como una pena en materia criminal o correccional (Artículo 11 del Código Penal Francés).

Con otros propósitos que el referido, todas las legislaciones sancionan también la “confiscación especial” en los casos de delitos o contravenciones contra los intereses fiscales. Es así que esa medida se aplica en las defraudaciones a los derechos aduaneros como contrabando, falsa declaración del valor de mercadería, ocultación de bienes con propósito de eludir el pago de impuesto, etc.

En estos casos, si bien la confiscación especial, concretada siempre a los bienes motivo del delito, tiende a la reparación civil del perjuicio causado al fisco, ello no obstante dentro de su concepto jurídico tiene siempre el carácter de una pena.

Por ello, tanto cuanto la confiscación especial se aplica en razón de delitos del fuero penal común, como cuando es el resultado de contravenciones contra el fisco, esa pena debe ser ordenada en definitiva por Juez competente.

Ante los antecedentes enunciados, que tienen carácter universal, es de hacer notar que la confiscación general de bienes de los extranjeros judíos que proyectaría el Gobierno de Italia, pues no otra cosa significaría la ejecución del proyecto de que informa nuestra Embajada en Roma, aparte de su anacronismo ella estaría agravada por el hecho de ser aplicada no como una penalidad impuesta a aquellos extranjeros que por su conducta irregular se hubieran hecho pasibles de la misma, sino como una simple sanción administrativa basada únicamente en conceptos raciales.

Por ello, en mérito a las consideraciones que quedan expuestas y ante el tratamiento ampliamente liberal y arreglado a derecho que reciben los ciudadanos italianos residentes en la República, donde no sólo gozan de las mismas prerrogativas acordadas a los nacionales sino también que en ningún caso son perseguidos por conceptos raciales o religiosos, correspondería que la Embajada en Italia prestara su amparo en el caso eventual de que algún ciudadano argentino llegase a ser privado de disponer de sus bienes en razón de pertenecer a la raza o a la religión judía.

En estos casos esa prestación de amparo debería ser concedida dentro de las muy justas limitaciones que enuncia el señor Embajador en Roma respecto de aquellos ciudadanos argentinos, nativos o por naturalización que se encuentran totalmente desvinculados de la República, y sin desconocer el derecho de Italia para decretar con carácter general la expulsión de aquellos extranjeros que consideran indeseables.

Buenos Aires, enero 9 de 1938.

Fdo: Carlos M. Kier

*******

[ El 14 de enero, el Ministro Cantilo envía el informe producido por el Director de Asuntos Políticos, Carlos Kier, a la Embajada en Italia. Se destacan las consideraciones del Ministro, que recomienda no“plantear una cuestión de principios”. (N. del C.)

D.A.P., Nota N° 12.

Reservada

Buenos Aires, Enero 14 de 1939.

Señor Embajador:

Tengo el agrado de dirigirme a V.E. con referencia a su nota Reservada 242, de 29 de Noviembre ppdo., concerniente a las disposiciones que el Gobierno italiano se propone adoptar respecto a las personas y bienes de los israelitas.

Considero acertadas las sugestiones de V.E. sobre la necesidad de asumir en los casos justificados alguna intervención en defensa de los derechos de los nacionales argentinos, cuando los afecten las medidas contempladas, que suponen prácticamente una confiscación de bienes.

No podemos ciertamente impedir que los demás países adopten dentro de sus fronteras las medidas de expulsión de extranjeros que juzguen necesarias, si se trata de un régimen general común a todos ellos —pero no es dudoso el derecho y el deber con que debemos intervenir, de acuerdo con las circunstancias de cada caso, para impedir que, en ocasión de esa expulsión, los nacionales de nuestro país sean desposeídos de sus bienes por motivos de orden político y sin culpa ni razón jurídica que lo justifique.

Encuentro, pues, acertados los propósitos que V.E. me comunica, para intervenir en los casos que eventualmente puedan producirse, pero insistiendo en el criterio que V.E. misma anticipa, le recomiendo limitar esa gestión a los casos en que la nacionalidad, los sentimientos y la vinculación argentina del amparado sean efectivas y actuales, distinguiéndolos debidamente de los casos, frecuentes, en que la nacionalidad, más o menos olvidada, sólo aparece como un pretexto invocado para la obtención del amparo.

Por lo demás, en las circunstancias especiales en que tales gestiones deberían ser realizadas, convendrá presentarlas ante esa Cancillería solamente en el terreno de las relaciones amistosas y de la consideración que recíprocamente nos debemos, con referencia especial a cada caso que se produzca, sin plantear una cuestión de principios que no sería ciertamente oportuna por ahora.

José María Cantilo - Ministro de Relaciones Exteriores y Culto

*******

[El 29 de diciembre de 1938, Malbrán comunica el resultado positivo de sus gestiones ante la autoridades italianas, en relación al caso de los ciudadanos argentinos "de raza o religión hebrea", que acudieron en consulta a la Embajada argentina. (N. del C.)

Nota N° 271 R.E.

Confidencial - reservada

Roma, 29 de diciembre de 1938.

Señor Ministro:

Con mi nota N° 242 R.E. de 29 de noviembre ppdo., expresé a V.E. mis puntos de vista en lo referente a la situación en que pudieran encontrarse los ciudadanos argentinos de raza o religión hebrea, en caso de que les fueran aplicadas las medidas de carácter general dictadas en Italia contra los judíos.

Hoy tengo el honor de comunicar a V.E. con positivo agrado que no se presentará dificultad alguna en lo que respecta a ciudadanos argentinos.

Habiendo acudido en consulta a esta Embajada, ciudadanos argentinos que se encontraban en los casos a) y c) de mi nota antes citada, creí conveniente conversar muy discretamente con el funcionario encargado de estas cuestiones en el Ministerio de Relaciones Exteriores (Ministro Grassi). Después de un breve y franco cambio de ideas, me significó que ni el Gobierno ni la Embajada Argentina no debían abrigar ningún temor a este respecto; que si llegaba el caso en que alguno de esos ciudadanos recibía la orden de salir del país por ese motivo, bastaría que la Embajada hiciera saber al Ministerio que el Sr. N.N. ciudadano argentino (sin considerar en manera alguna ni raza ni religión) había recibido orden de expulsión; el Ministerio tomaría de inmediato las medidas para que se dejara sin efecto dicha orden. Me agregó que este mismo procedimiento se aplicaría a los ciudadanos de los Estados Unidos, a cuya Embajada se habían dado las mismas seguridades que me daban a mí en ese momento.

Entiendo que con esta promesa queda eliminada toda dificultad con relación a este asunto.

Fdo: Manuel Malbrán  

NOTA

[1]..- Sólo fue excluido del informe el parágrafo en el que Vivot analiza las reacciones de la Santa Sede ante la campaña racista, debido a que los mismos conceptos (incluso con la misma redacción), se encuentran en la nota del Embajador ante la Santa Sede, Carlos de Estrada, en su nota del 2 de julio de 1938, incluida en esta selección como Documento 6.1.

 

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