ARCHIVOS: Informes de las misiones diplomáticas argentinas sobre la política racista Alemania y los paises de la Europa ocupada (1933-1945)

    ANEXO: Sobre las políticas antijudías en Europa

 
Fuente: AMREC, D.P. Varios, 1943, Exp. 7, Nota  s/No., Angora, 25/07/42

[El 25 de julio de 1942, Carlos Brebbia, Enviado Extraordinario en Grecia y Turquía, le envía un informe desde Angora al canciller Ruiz Guiñazú, precisando que es una  "contribución al estudio de la cuestión judía". En dicho trabajo, analiza la situación de los judíos en Europa y sus posibles vías de emigración, finalizando su pensamiento con la seguridad de "que la Argentina no puede ser la patria de quienes no la tienen ni el refugio de comunidades que los otros países no aceptan". (N. del C.)

Angora, 25 de julio de 1942.

Señor Ministro:

Tengo el honor de dirigirme a V.E. para remitir con la presente una breve reseña sobre la situación de Palestina bajo mandato británico, como contribución al estudio de la cuestión judía en Europa, cuya solución ha de presentarse como uno de los problemas más difíciles de resolver inmediatamente después de la guerra.

La mitad de los judíos del mundo viven hoy en Europa en un infierno de persecuciones. Es imposible prever en que condiciones se encontrarán después de la guerra las masas judías de Polonia, Rumania, Hungría y las que aún quedan en Alemania. Despojados de sus bienes, arrojados de sus casas, separados de sus familias, son víctimas del terror que los ha obligado a huir para refugiarse en algunos países que han permitido su entrada provisional y donde su permanencia es precaria y sujeta a restricciones vejatorias.

Es probable que algunos de ellos regresen a sus antiguos países de residencia para readaptarse a las nuevas condiciones de vida; pero es seguro que grandes masas de judíos deberán emigrar. Según opinión del Ministro británico de las Colonias, expresada ante el Parlamento, más de tres millones de judíos deberán abandonar los países de su actual residencia.

Sería mucho optimismo admitir que países como los Estados Unidos de América, Canadá, Australia o Brasil modifiquen radicalmente su política de inmigración. Algunos de esos países han llegado hasta la reforma de su Constitución, precisamente para no dejar librado el criterio selectivo de los inmigrantes al antojo de los Gobiernos que se suceden.

Los judíos, arrojados de todas partes, se encontrarán así ante el angustioso interrogante: ¿Dónde ir? ... No es problema de fácil solución si se considera que en Alemania de la frontera de Versailles quedan todavía 200.000; 100.000 están en Australia; 100 mil en Bohemia y Moravia y 130.000 viven en Eslovaquia. En la parte de Polonia ocupada por los nazis hay 2.000.000. Los rusos se han llevado otra cantidad igual de la misma región. No debemos olvidar a Rumania donde existen 1.500.000 y a Hungría donde viven 550.000.

El proceso que tiende a desalojar y expulsar a los judíos ha llegado en todos esos países a la etapa más aguda por la presión unánime de todas las clases sociales con quienes los judíos tienen contactos económicos o sociales. Justificado o no, el antisemitismo es un fenómeno de odio colectivo que está en todas partes. Forzados a marcharse, no les queda a los judíos sino dos caminos a seguir: o abrir las puertas de los países de escasa población o perecer.

Durante los últimos cincuenta años los judíos han intentado dos grandes experimentos de colonización: uno en Palestina y otro en la República Argentina.

La reseña que acompaño informa en sus líneas generales sobre las dificultades con que tropieza el primero. Existen, sin embargo, hombres de gobierno que en buena fe, consideran a Palestina como la solución futura del problema judío en Europa.

Creemos que es más la expresión de un deseo que una posible realidad. Palestina puede ser uno de los tantos paliativos, pero no puede considerarse en serio como el remedio para curar el mal en sus raíces. El sueño de los judíos de regresar en masa a su patria de origen se presenta como una doble ilusión, sea que se considere a Palestina desde el punto de vista de su capacidad económica y productiva o que se analice la cuestión en su aspecto político.

Es un suelo pobre, de escasa vegetación, cruzado por erosiones seculares que hacen aún más difícil y costosa su utilización, no existen recursos para que puedan vivir y prosperar dos o tres millones de personas más que las que ya habitan, a menos que se desaloje a éstas. Y ninguna comunidad está dispuesta a abandonar su tierra natal para que se instalen en ella los judíos. Políticamente presenta obstáculos que difícilmente podrán superarse, porque parece obvio que ningún estado estará dispuesto nunca a ceder la soberanía de una parte de su territorio para hacer de ella un estado judío independiente.

La colonización judía en nuestro país se inició bajo los mejores auspicios. Con la protección de una empresa poderosa, les fue posible disponer de superficies ilimitadas de tierras fértiles a precios moderados. Gobiernos complacientes les permitieron establecerse en colonias casi exclusivamente judías y no se puso obstáculo alguno a la adquisición de parte de la “Jewish Colonisation Association” de 600/650.000 Ha. de campos flor. La tradicional hospitalidad argentina acogió a los nuevos colonos sin prejuicios raciales o religiosos, con la misma cordialidad que recibía a los colones españoles, italianos, suizos, yugoeslavos y de otros orígenes los cuales no llegaron protegidos y organizados como los judíos, sino aislados, sin más capital que sus energías y sin más bagajes que sus músculos endurecidos en la escuela de la adversidad.

La “Jewish Colonsation Association” contó con un capital inicial de 10.000.000 de libras esterlinas —más de 150.000.000 de pesos entonces—: sus directores gozaban de gran autoridad en el mundo judío y se dedicaron con devoción a la tarea de instalar a sus colonos, facilitándoles, además de la tierra, animales, útiles de labranza, asistencia técnica y medios de subsistencia.

Sin embargo, después de 50 años de experiencia creemos que apenas si podrían contarse 40/50.000 personas radicadas en las chacras judías. Las nuevas generaciones de colonos judíos no demuestran disposición a permanecer en la tierra. Por atavismo prefieren la vida de las grandes ciudades y se dedican a las actividades que reclaman menos fatiga muscular.

Por cada familia judía que se ha establecido en el campo se han infiltrado tres o cuatro familias más que se incorporan a la vida urbana y esa infiltración ya está trazando las líneas en que se formarán nuevos ghettos. Es innegable que veinte siglos del urbanismo miserable de donde proviene, han hecho del judío un hombre mejor equipado para todas las competencias de la vida moderna, pero las consecuencias sociales que se derivan son inevitables: provocan celos, hieren intereses y de esos resentimientos nace al antisemitismo que puede llevar a nuestro país a las mismas agitaciones sociales que han perturbado la tranquilidad en muchos países de Europa.

Cuando se reconocen las colonias judías de Entre Ríos, o las de Palacios o Moisés-Ville en Santa Fe, sorprende el estado de abandono y de atraso que se observa y contrasta con el aspecto próspero de los campos que las circundan, poblados por colonos de otros orígenes. Los colonos judíos no habitan en sus chacras, sino agrupados en aldeas; mientras los rastrojos se cubren de malezas, las siembras se hacen tarde y mal y las cosechas siempre inferiores a las de los vecinos, se traducen en continuos pedidos de protección y auxilio al Gobierno.

La asimilación de los judíos en Entre Ríos ha resultado ilusoria. Algún caso aislado de incorporación a la vida argentina no modifica la realidad. Quien escribe recuerda haber visto en las Cooperativas agrícolas judías listas de precios y avisos de la Junta de Granos escritos en idioma hebreo ¡y esto después de cincuenta años de estar esos colonos radicados en el país!

El peor rasgo de la situación es la tendencia a querer ignorar o a disminuir de toda importancia a estos hechos. En cambio, la verdad es que los resultados de la colonización judía en la República no estimulan a que el experimento se repita.

El señor Ministro de Agricultura, doctor Amadeo y Videla en un admirable discurso pronunciado en el acto inaugural del Congreso de la Población ha dicho: “que no es inmigrante auténtico ni deseable el desterrado o el que abandona su país contra su voluntad”.

El pensamiento podría completarse agregando que la Argentina no puede ser la patria de quienes no la tienen ni el refugio de comunidades que los otros países no aceptan. Y nos parece de capital importancia refirmarlo con medidas preventivas, para aplicar un riguroso criterio selectivo de la inmigración cuando el mar de lágrimas y miserias que inunda hoy a Europa se desborda hacia nuestras playas.

Fdo: carlos brebbia - Ministro Plenipotenciario argentino

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Fuente: AMREC, G.E., Exp. 20, Nota “Reservada-Confidencial” No. 156 –MRE, Berna 18/12/42.

[El 18 de diciembre de 1942, el Ministro Brebbia, desde Berna, envía un nuevo informe en el que analiza la situación de los judíos, esta vez en relación a las  personas desplazadas (DP) de Alemania por la persecución del nazismo, que buscan refugio en Suiza. (N. del C.)

N° 156-MRE.

Confidencial-reservada

Berna, Diciembre 18 de 1942.

Señor Ministro:

Las violaciones reiteradas del espacio aéreo de esta Confederación por aviones británicos causan en toda Suiza viva indignación, tanto más cuando existe la persuasión que los “raids” sobre Turín, más que la finalidad de destruir objetivos militares persiguen el propósito de aterrorizar a las poblaciones italianas.

El Consejo Federal ha publicado un comunicado oficial en el que dice que en la noche entre el 11 y 12 del corriente, un gran número de aviones extranjeros han volado sobre el territorio suizo arrojando bombas explosivas sobre la población de Sins, donde ha sido incendiado un depósito de cereales y causado dos víctimas. Otro avión ha arrojado bombas entre Briga y Barogne provocando el incendio de un bosque.

El Gobierno suizo ha renovado sus protestas en Londres, esta vez en forma más enérgica que las precedentes. Expresa que “la copa está llena” y que Suiza no puede admitir que una Potencia cualquiera viole deliberadamente el territorio de un pequeño país que siempre ha demostrado una corrección ejemplar en su neutralidad y en sus relaciones internacionales.

Nadie cree que esta nueva protesta llegue a influir en el ánimo del Estado Mayor Británico hasta inducirlo a modificar el plan anunciado por Mr. Churchill de atacar sistemática y “científicamente” las ciudades vulnerables de la Península Itálica, hasta destruir sus centros(?) FALTA TEXTO.

Estos hechos y otras manifestaciones recientes ponen en evidencia las dificultades crecientes que debe afrontar el Consejo Federal en su preocupación de mantener una política de estricta neutralidad. Las violaciones reiteradas del espacio aéreo de este país, dan a la Wilhelmstrasse margen para criticar acerbamente la pasividad de la actitud del Gobierno suizo, mientras lo cierto es que el Consejo Federal hace cuanto está en sus medios para poner fin a semejante estado. Un Ministro del Eje llegó a expresarme que si bien Suiza carece de los medios materiales para oponerse con la fuerza a estos atentados contra su soberanía, podría en cambio evitarlos con una acción diplomática enérgica que amenazase romper las relaciones diplomáticas... No ha meditado tal vez este Señor que semejante amenaza, si no se hiciera efectiva, dejaría a la Cancillería helvética en el ridículo y si llegara a concretarse, tendría como consecuencia el bloqueo inmediato y total de Suiza y su sometimiento por hambre.

Por otra parte, la ocupación de Francia por las tropas del Reich ha originado el éxodo precipitado de personalidades del Frente Popular español, ciudadanos franceses de la oposición, checos, polacos y judíos adinerados que se encontraban en la zona libre y que han venido, con o sin permiso de entrada, a refugiarse en Suiza para ponerse al abrigo de las persecuciones de la Gestapo, circunstancia que acentúa la contrariedad del Gobierno nazi, cuya prensa oficial califica a Suiza de refugio de los enemigos del Reich.

El hecho de no haber expulsado a judíos que han penetrado en Suiza de contrabando (aunque hayan sido después internados en campos de concentración) ha dado margen a severas críticas del diario alemán “Volkischer Beobachter”, el cual escribe que la concentración de todos esos elementos en las fronteras mismas de Alemania, constituye un foco de propaganda antialemana y una quinta columna aliada para atacar al Reich.

Cabe preguntarse si para la tranquilidad de Suiza, no sería preferible cerrar herméticamente las puertas en momentos en que sólo pueden llegar aquí elementos indeseables en otros países; porque la hospitalidad que la Confederación brinda a las personas perseguidas, tampoco es apreciada en lo que tiene de humana, en el otro campo. Una Revista judeo-anglo-sajona reprocha acerbamente al Gobierno suizo por la internación de israelitas en campos de concentración, acusándolo de someter a los refugiados a un tratamiento brutal injustificado.

Estos ataques infundados prueban, en todo caso, la imparcialidad con que procede el Consejo Federal, cuya actitud no se inspira en simpatías o antipatías ideológicas o raciales, sino en los sentimientos humanitarios que constituyen una tradición secular de la Confederación.

Los refugiados son ciertamente objeto de una vigilancia estricta que les impide librarse a cualquier propaganda, pero son alimentados y hospitalizados en condiciones tales que, según propia declaración del Ministro de Justicia ante el Parlamento, sería deseable que todos los ciudadanos suizos pudieran beneficiarse de un tratamiento igual.

Las comunicaciones con Francia como vía de tránsito hacia España y Portugal están totalmente interrumpidas desde ayer. Carecen de fundamento las informaciones propaladas por radio desde Londres y por la prensa británica, de que hayan sido transferidas a la Alta Saboya miles de familias italianas y que se encuentran en la frontera suiza millares de fugitivos procedentes de Turín y Milán, que pretenden refugiarse en territorio suizo.

Las fronteras entre Suiza y Francia han sido clausuradas para todo el tráfico civil y hasta para las valijas postales diplomáticas u ordinarias, porque en estos momentos afluyen a la zona libre grandes contingentes de tropas del Eje de todas las armas.

No se trata de una ocupación relacionada con la situación interna de Francia. El pueblo francés no es ahora sino un cuerpo amorfo, sin voluntad ni energía alguna, del que en vano puede esperarse una reacción cualquiera. Las tropas del Eje van a ocupar la costa meridional de Francia, anticipándose a tomar medidas preventivas para mantener bases de defensa y de ataque en el Mediterráneo, en la eventualidad de que los Ejércitos alemanes de Africa tengan que abandonar los campos de batalla de Cirenaica y Túnez.

Después de tres años de ofensivas victoriosas, Alemania pasa a la defensiva. Su potencial militar está todavía intacto. Italia ya no cuenta; es un país ocupado de facto por las tropas del Reich. Ha de costar un enorme esfuerzo y correrá mucha sangre todavía antes de poder desalojarlas de las posiciones que ocupan en Europa. En Berna se prevé que, sin modificarse el fin que se presiente, la guerra puede prolongarse durante algunos años más.

Fdo: Carlos Brebbia



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